24 de diciembre de 2010

La distancia y la añoranza se reducen cuando el sacrificio vale la pena

Mediante las remesas que envían los paraguayos y paraguayas que trabajan en el extranjero, muchas familias tendrán una cena de Nochebuena digna. La distancia y la añoranza se reducen al saber que el sacrificio de un padre o un hijo lejos de casa hace que los demás integrantes de la familia se encuentran en condición más holgada y se presten a pasar una Navidad y Año Nuevo con un plato de comida en la mesa.

Las fiestas de la Navidad y de Año Nuevo son para pasarlas en familia, rodeados de los seres queridos; sin embargo, este no es el caso de un centenar de compatriotas que tiene algún pariente en el extranjero luchando por un futuro más digno.
Se estima que más de 100 mil paraguayos hacen patria fuera del país. Las familias se benefician con las remesas, pero también se desintegran por la ausencia de los padres e hijos.
Diego Daniel -de apenas 2 años y 11 meses- es uno de los tantos niños que quedaron con sus abuelos, mientras que sus padres, empujados por la necesidad y con la esperanza de forjar un futuro mejor a su retoño, fueron a trabajar a España.
Mediante el dinero que envían sus padres,
Daniel puede tener una fiesta de cumpleaños
rodeado de sus amiguitos

Paola Arzamedia (29) y su marido Insmael Martinez (30) cargaron en sus maletas el dolor de abandonar a su hijo de apenas tres meses de vida, y la angustia por tener que adaptarse a un ambiente diferente. No obstante la esperanza de que Diego Daniel se encuentra con la abuela materna, en un ambiente familiar y rodeado de amiguitos, dan la fuerza de seguir trabajando lejos del terruño y ahorra para un pronto reencuentro. Paola e Ismael -en Madrid- trabajaban de domésticos; y todo lo que ganan envían a Paraguay para la construcción de su vivienda y para la manutención de su único hijo.
"Es triste, para toda mamá despejarse de su primer hijo, pero ella (Paola) se siente fortalecida cuando le enviamos fotos de su cumpleaños de cómo esta rodeado de amigos. Ella sabe que Daniel está creciendo fuerte y sano, pero no conoce a su madre", dijo Norma Benítez, tia del niño, quien está al cuidado del pequeño desde recién nacido.
Diego Daniel vive en la compañía Valle Pucú de Areguá, en la casa de su abuela materna Gladys Arzamedia, quien también trabaja afuera; por lo que el niño queda al cuidado de la tía durante la mañana y por la tarde, ya en compañía de doña Gladys y sus demás primos.
"Nosotros, cuando montamos el pesebre, Daniel nos ayudó pasando los juguetes. Es un niño súper travieso y juguetón. Sabemos que casi no sabe nada de sus padres, pero el sacrificio que están haciendo es por un futuro más digno", dijo Norma.
Norma e Ismael viajaron a España hace dos años y medio, agobiados por el desempleo en el país, optaron por hacer maletas y emigrar a un país desconocido con el único objetivo de trabajar y posteriormente volver con un futuro digno a cuestas. Fuente Abc Color.

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