17 de enero de 2011

Un voto por el mbokaja

La intención de establecer vía legislativa la flor nacional y el árbol nacional del Paraguay no debería estar supeditada a cuestiones sentimentales, sino que debería estar fundada en cuestiones prácticas y las ventajas que cada árbol brinda al hombre paraguayo.
Por Bernardo Gutiérrez - surucua@abc.com.py
Una encuesta karape muestra que el candidato preferido es el lapacho o tajy, por su duro maderamen, preferido para las construcciones, y la espectacularidad de su floración.
No es que seamos “contreras”, sino que queremos aportar un tema para el debate y no elegir a las apuradas.
El lapacho, alguien dijo, que debe ser el árbol nacional, porque está en franca extinción y su madera es muy apreciada. Además, embellece el paisaje.
¿Un árbol en vías de extinción como árbol nacional? ¿De buena madera? De buena madera, sí, pero de imposible uso, por el precio y porque casi no se lo encuentra en los depósitos de maderas. De floración espectacular. Bueno, cada vez que florece es posible disfrutar de su presencia.
Particularmente, nos inclinamos hacia el cocotero o mbokaja (Acrocomia totai M.). Su presencia es visible con flor o sin flor. Se destaca siempre entre la floresta. Siempre llama la atención y no está en vías de extinción. Además, no solo alegra la vista con su floración, también el olfato. Pero vayamos a los alegatos en favor del mbokaja:
Aspectos religiosos: El mbokaja —como todas las palmáceas— es árbol sagrado en la religión guaranítica. En su visión del mundo, este está soportado por tres mbokaja primigenios.
Como árbol sagrado, da lugar a un sincretismo entre la religión guaranítica y la religión cristiana, en la que también la palmácea es árbol sagrado.
Aspectos folclóricos: La Navidad no es Navidad sin la flor y sin su aroma.
Aspectos prácticos: Todo es aprovechable en la planta. Su fruto es comestible, como también la pulpa, la almendra. El carozo de su semilla se utiliza para alimentar fuegos, hacer pisos, etc.

La pulpa es muy apreciada por las vacas, que luego de rumiarlas, expulsan los carozos; cuando lo hacen los bueyes, en plena tarea de arado, van echando estos carozos, que luego germinan y van brotando nuevas plantas en las chacras. Cuando son cultivadas, forman cercos naturales en los límites de las propiedades.
El aceite extraído de su pulpa es comestible y sirve para alumbrar, así como para fabricar jabones. De su almendra también se extrae buena cantidad de aceite. Se la utilizaba mucho para hacer brillar el cabello. Últimamente, es buena alternativa para la fabricación del biodiésel.
De las raíces se fabrican hermosos bastones; el tronco se utiliza para diversos menesteres en la economía rural: aunque resiste poco en la intemperie, se utiliza para cercos, estaqueo de paredes, canaletas para agua, puentes o arreglos de caminos; la fécula es muy nutritiva y puede fabricarse harina. La savia, sometida a fermentación, da una bebida alcohólica y por decocción, se transforma en miel.
Las hojas, además de servir para techo, son buen forraje, muy apreciado por los animales, además de ser útiles en invierno cuando escasean los pastos. De sus hojas también se extraen fibras textiles utilizadas en la fabricación de cordeles, bolsones, hamacas. Los pecíolos de las hojas, bien tratadas, son buenos para confeccionar liñas para pescar, etc. El brote terminal es muy excelente palmito, comestible.
Es un árbol de mucha utilidad, del que nada se desperdicia, ni siquiera las espinas —que sirven como agujas, para extraer piques o mondadientes— o las orugas que se crían en el interior de los carozos y consumen la almendra; estas orugas son muy apreciadas y consideradas un manjar por los aborígenes y gente de pueblo.
Otro árbol a considerar como árbol nacional es el ka’a (Ilex paraguaiensis St. Hil.), muy apreciado por los paraguayos y muy importante en la práctica de sus costumbres cotidianas, además de un gran dinamizador de la economía del país, desde el origen mismo de la nacionalidad.
Aportes pioneros
Cuando los españoles vinieron a conquistar y colonizar el Paraguay, incorporaron los adelantos técnicos de la época, lo que significó una revolución tecnológica en el continente americano; con ello se aumentó la capacidad de producción y explotación de las riquezas naturales, principalmente, las destinadas a la subsistencia.
Con los caballos, bueyes, mulas y asnos, también introdujeron la rueda (carretas), la construcción de embarcaciones, instrumentos de trabajos, como la pala, la asada, el machete, rastrillo, picos, el hacha, martillo, serrucho, tenazas, barrena, cuñas, escoplo, etc., además de telares, fraguas, molinos de piedra, etc.

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