24 de julio de 2011

Al gran Mariscal

Francisco Solano López había nacido el 24 de julio de 1826 en Asunción, y fue muerto cinco años después de iniciada la Guerra de la Triple Alianza, el 1.° de marzo de 1870. En coincidencia con su aniversario natal, se encuentra habilitada en el Museo del Barro la exposición El Mariscal, el cuerpo del retrato, Paraguay, siglo XIX, que saca a la vista una atractiva colección de pinturas e imágenes fotográficas que enaltecen su historia. Por Javier Jubi. Abc Color.
Un día como hoy, pero del año 1826, nacía el hombre que marcaría la historia del Paraguay. Francisco Solano López fue el primero de los cinco hijos legítimos de Don Carlos Antonio López y doña Juana Pabla Carrillo. Vio la luz primera el 24 de julio de 1826, según datos publicados por el escritor Carlos Zubizarreta en su libro Cien vidas paraguayas. Existen igualmente referencias que ubican su nacimiento en Manorá, suburbios de Asunción, en el año 1827. Sus hermanos fueron Inocencia, casada luego con el general Vicente Barrios; Venancio; Rafaela, casada con Augusto Acevedo Pedra; y Benigno.
Tuvo como padrino de bautismo a don Lázaro Rojas Aranda, quien le obsequió el terreno donde se asienta el Palacio de López. De joven, Francisco Solano empezó sus estudios con el maestro argentino Juan Pedro Escalada y, más tarde, con el jesuita Bernardo Parés. Tenía quince años cuando su padre accedió a la vida pública tras el fallecimiento de doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, el 20 de setiembre de 1840.
Leía mucho, aprendió a hablar correctamente el francés y algo de inglés aun antes de su viaje a Europa. Ingresó muy joven al ejército, que en la época era precario, siendo precisamente obra suya la optimización y profesionalización del mismo.
En 1853, siendo brigadier general, partió en misión especial a Europa. Su objetivo era establecer relaciones diplomáticas con Gran Bretaña, Francia, Prusia y Cerdeña, pero también llevó la misión de adquirir barcos y armamentos. En París, conoció a la irlandesa Elisa Alicia Lynch, quien sería su compañera de vida y la madre de sus hijos. Durante su estadía en Europa firmó un contrato de colonización para establecer la colonia Nueva Burdeos, en el actual asiento de Villa Hayes. Adquirió el buque “Tacuarí” y armamentos en Inglaterra. Regresó a fines de 1854.
El 10 de setiembre de 1862, tras la muerte de Don Carlos Antonio López, fue designado sucesor provisional de su padre en el gobierno. El 16 de octubre de 1862, el Congreso lo eligió presidente de la República por un periodo de diez años.
Durante los primeros tres años, su gobierno se caracterizó por una intensa actividad pública: se prolongó el ferrocarril hasta Pirayú, se inició la construcción del Palacio de Gobierno, del Oratorio de la Virgen de Asunción y del Teatro Nacional. Se fundaron nuevas escuelas y se otorgaron becas a jóvenes estudiantes para Europa. Creó un nuevo campamento en Cerro León, en el que reunió a cinco mil soldados.
Al iniciar el Brasil, en 1864, los actos de agresión contra el Uruguay, López confirmó su temor de que extendiera su imperio, primero en Uruguay y luego en Paraguay. En una nota dirigida a su par brasileño, el canciller José Berges señalaba que el gobierno de la República del Paraguay consideraba cualquier ocupación del territorio oriental por fuerzas imperiales como atentatorio al equilibrio de los Estados del Río de la Plata y que esta situación interesaba al Paraguay como garantía de su seguridad, paz y prosperidad. Brasil invadió a Uruguay. En represalia se ordenó la detención del buque “Marqués de Olinda”, que el 10 de noviembre de 1864 entraba a la rada de Asunción. El día 12, Berges comunicó al representante brasileño que quedaban rotas las relaciones diplomáticas y prohibida la navegación de los ríos nacionales a los brasileños.
El 24 de diciembre de 1864 se dio inicio a la campaña de Mato Grosso, comandada por el general Vicente Barrios, al frente de 3.200 hombres, embarcados en cinco vapores y tres goletas. El objetivo se cumplió con éxito. Para llegar al estado brasileño de Río Grande do Sul, las tropas paraguayas necesariamente debían cruzar por territorio argentino. El 14 de enero de 1865, Berges solicitó al canciller argentino Rufino de Elizalde que “los ejércitos de la República del Paraguay puedan transitar el territorio argentino de la provincia de Corrientes en el caso de que a ello fuesen obligados por las operaciones de la guerra...”. El paso fue negado por los argentinos.
El Congreso extraordinario del 5 de marzo nombró a Francisco Solano López, Mariscal de los Ejércitos de la República del Paraguay, creó la Orden Nacional del Mérito, autorizó la contratación de un préstamo y, el 17 de ese mes, ante la noticia de que la Argentina había permitido la subida del río Paraná a la escuadra brasileña del almirante Tamandaré, que venía a bloquear Tres Bocas, autorizó la declaración de guerra a la Argentina.
El 1.° de mayo de 1865 el canciller argentino Elizalde, el representante brasileño Octaviano y el uruguayo Carlos de Castro firmaron el tratado secreto de la Triple Alianza. El Mariscal López trasladó su Cuartel General a Humaitá. Tras los fracasos en Uruguayana, Paso de los Libres y Yatay, el Ejército paraguayo se estableció en Paso de Patria. La victoria de Curupayty, el 22 de setiembre de 1866, frenó la ofensiva aliada.
El Ejército paraguayo peleó en Estero Bellaco, Tuyutí, Yatayty-Corá, Boquerón y Sauce. Cayó Humaitá y López trasladó su Cuartel General a San Fernando al norte del río Tebicuary. Una serie de informes llegados de Asunción, hicieron que el gobierno acuse de conspiración y connivencia con el enemigo a figuras principales y se crearon los tribunales que sentenciaron como culpables a los hermanos del Mariscal, Venancio y Benigno; sus dos cuñados, Saturnino Bedoya y el general Vicente Barrios; al canciller Berges, al obispo Palacios y a centenares de hombres y mujeres. Fue señalado como cabeza de la conspiración el ministro norteamericano Charles Ames Washburn junto con los cónsules de Francia, Italia y Portugal. De junio a diciembre de 1869, fueron fusiladas unas 400 personas. Los extranjeros debieron abandonar el país.
Tras los combates de Itá Ybaté, Lomas Valentinas, Acosta Ñú y Piribebuy, el 14 de febrero de 1870, el Ejército se retiró hasta Cerro Corá. Una columna brasileña despachada desde Concepción al mando del general Correa da Cámara se enfrentó el 1.º de marzo con el Ejército paraguayo, de 200 hombres. El Mariscal Francisco Solano López resultó herido de un lanzazo en el bajo vientre y de un sablazo en la frente. Auxiliado llegó a orillas del arroyo Aquidabán Nigui, donde fue alcanzado por el general Correa da Cámara, quien le intimó rendición. El Mariscal López se batió sable en mano hasta el final. Su última frase sigue siendo discutida. Algunos historiadores señalan que dijo: “¡Muero por la patria!” y otros: “¡Muero con la patria!”. Negándose a entregar su espada, fue herido por otro soldado que lo ultimó de un tiro al corazón.
Obras impactantes.
En la Sala Josefina Plá y en el Gabinete Florian Paucke del Museo del Barro, el público tiene la oportunidad de apreciar las tres pinturas de gran formato del Mariscal López, que forman parte de la colección del Palacio de López: el retrato ecuestre de 1,80 X 1,30 metros, que fue recientemente donada por la República de Cuba y se atribuye a Bernadet; el Mariscal de gala, de 2,00 X 1,45, pintado por Aurelio García en 1866, y la pintura de López sobre su caballo Mandyyú, de 1,42 X 1,10, realizada por Guillermo Da Re.
Gran conjunto. La exposición El Mariscal, el cuerpo del retrato, Paraguay, siglo XIX saca a la vista una serie de fotografías originales de personajes históricos que se guardan en colecciones privadas, Ministerio de Defensa Nacional y Biblioteca Nacional de Asunción. Es el mayor montaje expuesto en conjunto, donde también se exhiben algunas camisas que pertenecieron a Francisco Solano López, así como diversos óleos de personajes del tiempo de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870).
Se accede al Museo del Barro de miércoles y jueves por la tarde, de 15.30 a 20.00; los viernes y sábados de 9.00 a 12.00 y de 15.30 a 20.00. La entrada es gratuita, excepto los jueves, que se abona tres mil guaraníes.

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