23 de julio de 2011

La última gran batalla.

Tal si fuera un épico filme de héroes han llegado muchachos al final de la carrera, con las heridas y el cuerpo gastado por tantas batallas. Ustedes demostraron que el fútbol es mucho más que buen toque y precisión, es amor a la camiseta que lleva el insigne tricolor de su patria. Por Samuel Acosta. Fuente Jakueke.com
En suelo frío y extranjero hicieron su campamento y cuando el son de la trompeta los llamó a luchar allá marcharon con el clarín a cumplir el gran deber, y sin lugar a dudas fueron sus “pechos las murallas” que defendieron el honor de su raza.
A pesar de no contar con armas contundentes, extremaron recursos corriendo y sacando cada balón envenenado, y, aunque las circunstancias los llevaron al extremo de la pena máxima, supieron tener el temple necesario para con justeza vencer al más glorioso y tumbar al más batallador contrincante.
Hoy están bajo la tensa calma, guardando fuerzas para el día final. Detrás de ustedes hay un Tsunami de críticas disfrazadas de envía al ver a los leones guaraníes pelear por la gloria. Hagan oídos sordos muchachos, pues aquí, en la tierra roja de tereré y la polca hay casi siete millones de corazones alentándolos.
Por una injusticia llegarán sin su comandante al campo de juego, pero no será necesario que los acompañe, ustedes, saben cual es su deber con la historia. Recuerden, que la humildad y sacrificio siempre fueron nuestro sello ante este mundo que se ha dispuesto a ignorarnos, pues por eso no conocen nuestro lema de valor.
Atrás quedaron los engalanados de estrellas, los que se atragantaron con su propia soberbia mordiendo el polvo de la derrota. Ustedes sin embargo con paciencia construyendo su camino, insólito es verdad, pero jamás irregular.
Y si el azar fijó su mirada en sus colores de sangre y paz, abrácense a ella, pero entregando el corazón en cada jugada. Corran como nunca antes en su vida, pateen el balón como si se les fuera el último aliento, que cuando la pelota traspase la línea y bese la red del adversario sabrán que hay un pueblo desbordado de alegría.
Querida albirroja, mientras los veamos desde la distancia no se olviden que en las gradas de nuestras almas estaremos entonando este añejo himno: “Paraguay, tus hijos son el valor de campeón, tu equipo es Paraguay fuerte y bravo sin rival”.

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