15 de agosto de 2011

"En mi vida imaginé que iba a terminar haciendo guitarras"

Nicolás Gómez Martínez (47), que trabajaba de ganchero en Cateura, se hizo conocido por construir instrumentos reciclados para Sonidos de la Tierra. Ahora se abre camino en su propio taller de lutería. Por Roberto Gómez Palacios- rogomez@uhora.com.py
"Naimo'ái akue apytata hague ajapo mbaraka ko che rekovepe (En mi vida imaginé que iba a terminar haciendo guitarras)", dice en guaraní el exganchero del vertedero Cateura, Nicolás Gómez Martínez, quien se convirtió en un pujante arreglador y constructor de instrumentos musicales, que hoy se abre camino en un taller de lutería propio.
A sus 47 años aprendió que todo puede cambiar cuando se tiene el deseo y las oportunidades son aprovechadas. Su escaso recurso lo había definido como una persona sin posibilidades de crecimiento, y su humanidad se vio envuelta en trabajos duros y sin reconocimiento alguno.
Las manos que hace unos años construyó el primer instrumento de desechos reciclados -que hoy causan furor en países del Primer Mundo-, habían comenzado unas décadas atrás rompiendo piedras en Emboscada. Unos años más tarde pasó de partir la roca a erigir edificaciones en su labor como albañil.
"En la construcción de obras se gana bien, pero es muy sacrificado", rememora, mientras añade piezas de lo que será una guitarra reciclada, y agrega: "Yo fui el primero en hacer este tipo de instrumentos. El maestro Szarán (Luis) trajo la idea y más de 300 ya salieron de acá, hechos de basura".
Siete años atrás el calor del sol aplacaba su existencia en el montículo de desechos que llegaban a diario en Cateura. Separar los desperdicios originados en la ciudad le deparaba días de desconcierto económico, trajín en el barro en jornadas de lluvia, de frío en el invierno, inhalando el hedor que se percibe en la atmósfera de esa zona capitalina.
LUTIER. Nicolás había escuchado la convocatoria hecha por el maestro Luis Szarán a los gancheros, para participar de un curso de lutería. Hasta ese momento ni sabía qué era una orquesta sinfónica ni que a partir de ello, cambiaría su percepción sobre la vida misma.
Participaron del curso unas 40 personas del vertedero, de entre las cuales solo él quedó. Su perseverancia lo condujo a formar parte de un equipo de luteros en Don Bosco Róga, y así se alejó de su oficio de seleccionar basuras.
En los talleres de Don Bosco construyó más de 1.600 guitarras que se distribuyeron en el proyecto Sonidos de la Tierra. Brilló tanto al hacer un sinfín de instrumentos reciclados como los formales, que desde la Fundación Tierranuestra decidieron apoyarlo para que tuviera su taller propio.
Desde principios de este año, Nicolás dejó de percibir un sueldo mensual para ganar por cada obra realizada.
En su humilde vivienda de Cateura, convive con su concubina, sus patos, gallinas, cerdos, vacas, perros y otros animales. Allí mismo está su sitio de creación, con una cepilladora, lijador, boquera, taladro, soplete, compresora y más, trabaja el cedro, pino, chapas y otros enseres para la realización de sus instrumentos.
AHORA LE DICEN TÍO RICO
"Todos se burlaron de mí cuando conté que iba a tener mi taller propio, y cuando lo vieron, comenzaron a decirme Tío Rico", comenta Nicolás.
De ahí salen 50 o más guitarras al mes, a precios desde G. 400.000 a 2.500.000. "Muchas de mis guitarras están ahora en Alemania, Austria y otros países, añade.
Nicolás ya está inscripto como profesional en el Ministerio de Hacienda. Hace poco ganó una licitación de la Unión Europea a través del Colectivo Cultural de la Fundación Tierranuestra para la construcción de instrumentos musicales.
Ahora contrata personales. No tiene hijos, pero sí brinda alegría a muchos niños y niñas que inician su camino en el mundo musical.

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