17 de octubre de 2011

Perfil de un artista del pincel y primer telegrafista paraguayo

Saturio Ríos. Muchos pronuncian ese nombre en referencia a una calle o a un establecimiento educativo, pero pocos se han adentrado a conocer más a fondo a este artista plástico y telegrafista. Por César González Páez (Diario UH)
Cuando hablamos de hombres que pasaron sus últimos años en la pobreza y la enfermedad, cuesta pensar que fueron brillantes o que la sociedad les debe algo de gratitud por un determinado talento. Cuando se lee la biografía de grandes artistas e intelectuales, vemos con qué frecuencia suceden estas ingratitudes. Pero nos queda la rectificación en el recuerdo, traerlo de nuevo al presente para que se recuerde su figura, lo que hizo y por qué estamos hablando hoy de él. Los primeros indicios nos dicen que fue un artista plástico y el primer telegrafista paraguayo. Incluso se dice que inventó durante la Guerra Grande un aparato receptor; también incursionó en política y llegó a ser diputado.
Un gran historiador, el Dr. Roberto Romero, se ocupó de su biografía, y dice que Saturio Cándido Ríos nació el 2 de octubre de 1846, en un lugar llamado Capilla Cué, primitiva villa formada en torno a la iglesia que los religiosos de la Compañía de Jesús construyeron en la jurisdicción de San Lorenzo, en 1846. Fueron sus padres Vicente Ferrer Ríos y Francisca Petrona Castro.

SUS INICIOS. Según una crónica que difunde la Secretaría de Cultura, desde muy corta edad Saturio Ríos dio muestras de una favorecida inteligencia y de tener aptitudes artísticas no comunes. Se cuenta que, con el correr de los años, esas habilidades de nuestra figura de hoy llegaron a oídos de don Carlos Antonio López, quien incluso se cercioró de las reales cualidades privilegiadas del niño. Por tal motivo dispuso su ingreso en el Seminario Conciliar, a cargo de competentes maestros, a fin de realizar sus primeros estudios escolares.
Citando la misma fuente, Saturio estudió con ahínco y se empapó del saber y del sabor de los refinamientos de una sociedad opulenta. Contaba entonces con 15 a 16 años cuando fue seleccionado para el aprendizaje de la especialidad de la Escuela de Telegrafía. El curso escolar duró de siete a ocho meses, a cuyo término egresó como el primero de su promoción, convirtiéndose de este modo en el primer telegrafista paraguayo de escuela.
El artista y telegrafista alternó sus funciones en Humaitá, en 1865, pintando los retratos de personalidades de la época, como políticos, religiosos y gente de sociedad. En el libro Historia de Grandes Hombres, de Luis G. Benítez, editado en 1986, puede leerse que Ríos llegó a ser diputado, de cuyas funciones fue separado por sus reiteradas inasistencias injustificadas, sanción que ya no se ve hoy en día.
CONDECORADO. El haber inventado un aparato más avanzado para la recepción de mensajes telegráficos le valió la jerarquía de Teniente Honorario y fue condecorado con la Orden Nacional del Mérito. Sobrevivió al conflicto de la Triple Alianza y fue llevado prisionero a Río de Janeiro, y algún tiempo después, ya superado el conflicto, volvió al Paraguay, pero ya casado con una brasileña, María de la Cruz Paiva.
EL FINAL. Saturio Cándido Ríos falleció en su ciudad natal, en julio de 1920, ocasión en la que el historiador Juan E. O′Leary pronunció sentidas palabras de despedida al infortunado artista y benemérito de la patria. Un acto de homenaje rendido a su memoria consistió en la denominación del Centro Regional de Educación con su nombre, el 16 de octubre de 1966.
Según el libro citado anteriormente, sus últimos años los pasó en un creciente deterioro espiritual y físico. Corrieron 50 años, enfermo, pobre y olvidado. Vivió en su casita de San Lorenzo hasta su muerte, en avanzado estado de postración física y mental.
Así tenemos un retrato de este hombre, cuya figura hoy día no se tiene muy presente, a no ser por el nombre de una calle o de un establecimiento educativo.

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