3 de noviembre de 2011

Don Ricardo González Martínez teje ñandutí. Lo hace con gran orgullo a sus 82 años, en la tranquilidad que le brinda su casa en Itauguá, capital de esta artesanía textil. Los lugareños dicen que es el único hombre que tiene como oficio esta artesanía, que desde la época colonial es el distintivo de las mujeres itaugüeñas.

Inquieto y curioso, don Ricardo aprendió de niño a hacer los primeros puntos de ñandutí, imitando a su madre, que tejía el fino encaje. Sin embargo, la técnica la perfeccionó en su adolescencia gracias a un gran amor.
“Tenía quince años y me enamoré de una joven tejedora de ñandutí. La verdad es que yo me iba a ‘novillear’ y como quería estar más tiempo con ella, me sentaba a su lado a tejer”, cuenta con picardía.
Por distintas circunstancias de la vida, don Ricardo no llegó a casarse con aquella joven. Se separó de ese gran amor, pero nunca lo hizo del ñandutí.
Su hogar lo formó con doña Elodia Yegros. De este matrimonio nacieron seis varones y tres mujeres. Cuando sus hijos eran jóvenes y todavía no tenía profesión, todos tejían y trabajaban en equipo. “Luego, los varones fueron creciendo y cada uno tomó un rumbo diferente. Mis hijas continúan hasta hoy haciendo el ñandutí”, comenta.
En Itauguá, donde muchas mujeres se dedican a tejer ñandutí, tienen la ayuda de sus maridos o hijos varones para cortar los hilos o retirar los encajes del bastidor, pero no es frecuente encontrar a un hombre haciendo el tejido y menos tomar a esta artesanía como su principal oficio.
Hasta unos años atrás, don Ricardo tejía con hilo fino hermosas mantillas utilizando diversos dechados (puntos).
“Usaba el hilo de seda blanco, de la marca Singer. Ahora, por problemas de vista, hago solo con hilo grueso de colores”, dice.
Tras fallecer su esposa hace unos años, el artesano se quedó al cuidado de su hija Adela González. Con ella, tejen desde las primeras horas de la mañana bajo la sombra de un enorme mango en el patio de la casa. “Los vecinos o extraños que pasan por aquí me miran como bicho raro, pero, para mí, este es un trabajo como cualquier otro y me siento orgulloso de saber hacerlo”, asegura.
En un día suele hacer por los menos cuatro “mbejui”, que luego su hija Adela vende a una casa comercial ubicada en Asunción.
Hijo dilecto
Su historia pasaba desapercibida hasta que hace poco la Municipalidad de Itauguá lo declaró Hijo dilecto como el “único tejedor itaugüeño que con su labor propicia el desarrollo de una de las artesanía más bellas del país”.
Gracias a este reconocimiento, don Ricardo también fue contactado por el Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA) y, a través de la jefa de Investigación Regional, Magdalena Yegros, y el licenciado Freddy Olmedo, titular del organismo, recibirá apoyo técnico y asesoramiento para la venta de sus artesanías. Fuente Abc Color

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ultima Hora - Nacionales

Las ruinas jesuíticas observadas desde el aire

Visita a la tumba de Mangore.


Honor a quien honor merece!Sady y Teofilo Acosta directores de Ecos del Paraguay vistaron la tumba del gran musico paraguayo Agustin Pio Barrios cuyos restos descansan en el Cementerio de los Ilustres de El Salvador.