15 de noviembre de 2011

El ayoreo Iquebi cuenta su conmovedora historia

En 1956, el ayoreo José Iquebi Posoraja, siendo aún un niño, fue arrancado cruelmente de la selva y separado de su familia, para ser expuesto como un animal a la sociedad. Tras 55 años, sale a la luz su historia en un libro. Por Sergio Noé . Ultima Hora.
El ayoreo José Iquebi Posoraja era feliz en la selva (zona norte del Chaco), hasta que un día –el que nunca se borrará de su memoria– todo cambió para él y su familia.
Al alejarse de los matorrales para intentar cazar un jabalí, junto a un integrante de su clan, fue sorprendido por varios hombres a caballo.
"Los coñone (término de su lengua con el que se designa a los paraguayos) me tiraron una piola que cayó en mi cintura, y así me capturaron", cuenta Iquebi. El hecho sucedió en 1956, cuando José era aún un niño. "Tuve miedo", recuerda. "No sabía qué iba a pasar", añade, aclarando que pensó que lo matarían. "Lloraba mucho porque mamá no estaba", señala el ayoreo, que aún retiene vivamente en su retina el episodio, como si fuese ayer.
EXHIBIDO COMO ANIMAL. Como si fuera un trofeo, el ayoreo fue encerrado en una jaula, expuesto desnudo al público como un animal, en una suerte de show carnavalesco, absolutamente cruel e inhumano.
Mientras lo sometían al escarnio, sus captores lucraban cada vez que lo exponían. "Me sacaban fotos y la luz (el flash) me asustaba", señala Iquebi, para quien la mofa y el desprecio eran una moneda corriente.
Como si fuera poco, la burla se prolongó porque lo llevaban de gira por distintas ciudades del Chaco y del país para exhibirlo al vituperio, detrás de unos barrotes y desprovisto de ropas.
Como desconocía el alimento de los "blancos", además de soportar el miedo al envenenamiento y a otros factores, Iquebi no comía nada, e incluso llegaba al extremo de no tomar agua. Asimismo, las lágrimas eran su único testigo de todas estas injusticias.
RESCATE. Su trágica historia, condensada en el nuevo libro Captura del ayoreo José Iquebi, fue la excusa para que el indígena relatara nuevamente su historia, en un español pausado, entrecortado, cerrado, pero comprensible.
Iquebi indica que tras las burlas, fue liberado del encierro por el sacerdote salesiano Pedro Dotto y el señor Salvador Luis Albospino, de la Asociación Indigenista del Paraguay (AIP).
CHOQUE CULTURAL. Iquebi sufrió un fuerte choque cultural, tras ser privado violenta e inhumanamente de la selva. Extrañaba terriblemente a su familia, costumbres y modo de vida ayoreo.
Según cuenta Deisy Amarilla, encargada de recopilar el relato en el flamante ejemplar lanzado recientemente, una de las primeras cosas que aprendió Iquebi fue a pedir agua "en español". También debió aprender el guaraní, otro idioma que no conocía.
El ayoreo asegura que al ver la ciudad, todo le parecía extraño. Detalla que cuando fue trasladado en vehículo –nunca había visto uno–, "las casas se movían". Asegura, además, que nunca antes había escuchado un gallo. Tras adaptarse a la nueva cultura, perdió en parte las costumbres de la selva.
Pero no pasó mucho tiempo cuando se topó de nuevo con los ayoreos del Chaco. Su comunidad no lo rechazó. Volvió a dormir en el suelo, y al inicio le fue difícil comer los alimentos del monte.
Su mayor añoranza seguía siendo su familia. Solo 20 años después vio a su mamá y sus hermanos de nuevo. "Mi familia pensó que morí", revela. "Lloré", agrega inmediatamente, recordando ese emocionante reencuentro que tanto esperó.
El libro cuesta G. 80.000 y se puede adquirir en el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica (Ceaduc). Informes al 441–044.

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