11 de noviembre de 2011

El inventor compatriota del portón automático

RAFAEL FULLER, UN GENIO OLVIDADO.
Hace poco más de un mes se cumplieron 70 años de la muerte, en la ciudad de Pilar, de un genio de la técnica, olvidado e ignorado por sus compatriotas: el ingeniero Rafael Fuller Caballero. Su vida y obra fue el tema de una conferencia pronunciada anoche en la Academia Paraguaya de la Historia.
En 1893 nació en la sureña ciudad de Pilar, Rafael Ricardo José Gaspar Fuller Caballero, hijo del médico irlandés Adam Fuller Lamp y la paraguaya Marcelina Caballero.
Huérfano de padre a temprana edad, sus estudios primarios los realizó en Europa y los secundarios en el Colegio Nacional de la Capital.
Brillante becario
Desde muy joven, Rafael Fuller Caballero se sintió atraído hacia los secretos de la técnica, en especial hacia una disciplina que entonces entusiasmaba a las mentes juveniles inquietas, la radiocomunicación.
Para profundizar sus estudios, en 1913 fue becado por el Gobierno a EE.UU., de donde pasó a estudiar Ingeniería Electrónica a la Universidad de Cambridge.
Inventor del portón automático
Radicado en Montevideo en 1929, descartó la experimentación con las ondas hertzianas y se dedicó a realizar ensayos con la inducción eléctrica, lo que le llevó a inventar un sistema de abridor automático de portones a control remoto, que lo patentó en el Uruguay y en la Argentina.
El invento del Ing. Rafael Fuller Caballero estaba basado en la inducción. Ella es la producción de una pequeña corriente eléctrica valiéndose de otra corriente.
La inducción es un fenómeno mediante el cual se separan las cargas eléctricas positiva y negativa como consecuencia de la acción de un campo eléctrico.
Este procedimiento fue olvidado y desechado porque los inventores buscaban ejercer su acción a larga distancia y, según Fuller, es justamente en esos menesteres en que la inducción no era aplicable. La aplicación que Fuller puso en práctica era todo lo contrario, y por medio de ella encontró la practicidad de la inducción.
Era consciente de que las grandes ventajas de la inducción eran para las acciones locales, a corta distancia. Y fue la base de su invento: la aplicación localizada de energía inducida.
Efectivamente. Para realizar el invento de sus puertas de apertura y cierres automáticos, Fuller utilizó la inducción electromagnética entre dos circuitos: uno colocado en el automóvil y otro colocado en el subsuelo del garaje.
Para conseguir su exitoso invento, utilizó un “relais” –entonces recientemente inventado en Norteamérica–, muy fino y que se construyó para la televisión (entonces un novedosísimo invento). Los efectos obtenidos con este mecanismo tuvieron resultados muy prácticos, pues este “relais” era inmune a los ruidos, a las chispas de los automóviles y aun, a las perturbaciones atmosféricas.
Hace 80 años
Hace ocho décadas, el 23 de octubre de 1931, el ingeniero Fuller patentó su invento en Montevideo y realizó una exitosa exhibición pública a la que acudieron ingenieros, arquitectos, constructores y numeroso público.
El acontecimiento tuvo eco en la prensa uruguaya, argentina y paraguaya, con notable suceso. Su invento demostró la operabilidad de la inducción eléctrica para este tipo de mecanismo, además de la seguridad de su funcionamiento.
Decepcionante frustración
El ingeniero Fuller, convencido de la practicidad de su invento, además de registrarlo en el Uruguay, la Argentina y el Paraguay, proyectó hacerlo en los Estados Unidos de Norteamérica.
Cuando viajó allá para registrarlo, se encontró con la desagradable sorpresa de que la documentación había sido sustraída de la Oficina de Patentes del Uruguay y patentado en los Estados Unidos, siendo despojado de la propiedad de dicho portento tecnológico.
Esta situación le afectó en su ánimo y su salud y retornó al Paraguay, estableciéndose en su ciudad natal, donde falleció en septiembre de 1941.
Primeros inventos
Siendo estudiante de dicha universidad, Fuller empezó a realizar experimentos de telemecánica, en especial con las ondas hertzianas y a llevar adelante sus primeros inventos, asombrando a sus profesores y al público que tenía la oportunidad de observar las proezas técnicas.
Uno de sus muy celebrados inventos fue un barquito de juguete movido a control remoto, que causó sensación en una muestra de portentos tecnológicos realizada en Dublín, Irlanda, en abril de 1923.
Un reporte periodístico de la época señalaba acerca de una “Atractiva exposición en Dublín: Una exposición de excepcional interés y gran valor educativo ha sido inaugurada hoy en el Salón de Ingenieros, en la calle Dawson N° 35, por la Sociedad de Ingenieros Experimentales de Dublín”.
“Uno de los más interesantes trabajos exhibidos es un bote radiotelegráfico construido y armado por el señor Fuller. El movimiento de este bote, una vez en el agua, es enteramente dirigido por señales radiotelegráficas y puede además disparar un cañón por el mismo medio”.
“Por más de que hubo muchos mecanismos novedosos en la exposición de la Sociedad de Ingenieros Experimentales de Dublín, ninguno fue más ingenioso ni atrajo mayor admiración que el bote que aquí se muestra, el cual puede ser dirigido por telégrafo sin hilos”.
De regreso al país, fue uno de los impulsores de la radiocomunicación paraguaya, teniendo a su cargo la instalación de transmisores de radio, entre ellos el de Paraguarí, en 1926. También se dedicó a la docencia en el Colegio Nacional de la Capital y en la Escuela Militar. Fuente Abc Color.

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