5 de diciembre de 2011

La filigrana: Reina de las joyas

La ciudad de Luque es conocida por la fabricación de arpas y guitarras de manera artesanal. Pero definitivamente su rasgo distintivo es la elaboración de joyas de oro y plata con la técnica de la filigrana. Con finísimos hilos de metal precioso, los artesanos luqueños van creando las codiciadas joyas que son la carta de presentación de esta ciudad.
La filigrana es una de las técnicas más utilizadas en la joyería luqueña. Propios y extraños admiran el delicado tramado del metal, que sumado a la creatividad y paciencia de los orfebres dan lugar a un sinfín de objetos de admirable belleza. Esta ciudad, ubicada a 21 km de Asunción, es considerada la capital universal de la filigrana, debido a la gran cantidad de personas dedicadas a moldearla.
Pese a que los artesanos viven y trabajan en los suburbios luqueños, la exposición y venta de sus creaciones se hace mayormente en las joyerías ubicadas sobre la avenida General Aquino, en el paseo denominado Centro Joyas. Los trabajos de filigrana en oro y plata ocupan gran parte de las vitrinas.
Los verdaderos artistas de esta técnica están lejos de este epicentro comercial. Conocidos como “filigraneros”, muchos de ellos trabajan sentados bajo la sombra de un frondoso árbol, tejiendo con filamentos de metal.

Don Rubén Duarte, un padre soltero de 68 años, es un vivo ejemplo de la vida orfebre local. Desde los 11 años trabaja con la técnica de la filigrana y hoy, a 57 años de su primer trabajo, con lágrimas de emoción y orgullo cuenta que solo pudo sacar adelante a sus ocho hijos trabajando de orfebre.
“La filigrana es lo que más me apasiona. He buscado otro rubro, pero lo dejé todo porque la filigrana es mi vida. Amo este oficio pese a las adversidades y lo dura que puede ser la vida, a veces”, dijo el orfebre. Don Duarte enfatiza que este es un trabajo meticuloso y que ha sido visitado por muchos extranjeros, que se “quedaron maravillados viendo mi trabajo. Pero lastimosamente los dueños de negocios de joyas regatean a los artesanos y no valoran el tiempo y la creatividad que dedica un filigranero a su obra de arte”.
“El primer sueldo que recibí fue de G. 70 mil, por veinte pendientes de filigrana que hice. Trabajé durante dos semanas de sol a sol. Recuerdo que llegué a casa con muchos bolsos llenos de provistas que compré de ida y lo primero que me preguntó mi abuela fue de dónde yo robé el dinero, porque ya era demasiada plata lo que ganaba a los doce años, pero ahora solo alcanza para sobrevivir el día”, dijo Duarte.
El artesano dedicó más de medio siglo a llevar en alto el nombre de los luqueños mediante su minucioso trabajo, munido nada más de escasas herramientas rudimentarias como una pinza, brusela, rascador, soplete y un punto. Si bien tuvo ocho hijos, solo uno de ellos, Juan Miguel, abrazó el sentimiento de ser artesano y hoy lo ayuda para seguir adelante con el negocio.
“Este trabajo es bastante sacrificado y mis hermanos optaron por otras profesiones, pero yo, al igual que mi padre, amo el oficio”, dijo Juan Miguel Duarte, mientras sopleteaba una delicada pieza de metal.
Héroes de la calle Boquerón
Junto a don Rubén Duarte y su hijo Juan Miguel, trabajan palmo a palmo los talleristas José Bernal, Wilfrido Giménez, Doroteo Rodríguez, Segundo Gómez, Valeriano Díaz, Francisco Moreno, y los hermanos Ramón y Seferino Báez. Este grupo de filigraneros se hacen llamar Héroes de la calle Boquerón. Primero por el duro oficio en el cual están sumergidos, en su mayoría hace más de cuarenta años. Y segundo porque todos residen sobre la calle Boquerón del Cuarto Barrio. Muchos tuvieron como mentor a don Duarte, que con paciencia y experiencia fue trasmitiéndoles sus enseñanzas.
Actualmente, la filigrana es considerada la reina de las joyas luqueñas, porque con esa técnica se puede apreciar el famoso anillo siete ramales, broches y pendientes de variadas formas. También collares y pulseras en forma de flores; guampas y jarras de plata con variados diseños, desde lo folclórico hasta las insignias de clubes deportivos. En el proceso de evolución creativa, los artesanos han elaborado productos innovadores como portarretratos, portaencendedores, servilleteros y otros.
Los precios de las joyas varían de acuerdo al tamaño y las formas. Se pueden encontrar broches y pendientes desde G. 30 mil hasta G. 100 mil. Entretanto, los collares se cotizan entre G. 250 mil y G. 500 mil.
Más apoyo
Los Héroes de la calle Boquerón reclamaron ayuda y apoyo gubernamental en el área de capacitación, técnicas, materiales y, sobre todo, precios justos. Lamentaron que el Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA) no realice un censo y busque la manera de rescatar y fortalecer el trabajo del tramado del metal.
“Los filigraneros estamos en vía de extinción porque nadie nos valora. Las personas vienen a comprar a precios sobrevaluados nuestra artesanía de las joyerías, pero a nosotros, los artesanos, los propietarios de las joyerías nos dan migajas por nuestro trabajo”, lamentó Segundo Gómez.
Cómo llegó a la ciudad. Los primeros trabajos de orfebrería con esta técnica se remontan al año 1864, durante el traslado de la capital de la República a Luque, tras la ocupación de soldados aliados en la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870).
Los primeros joyeros llegaron a la ciudad huyendo de los invasores, brasileños y argentinos. Algunos de ellos adoptaron la zona para asentar sus raíces y montar sus talleres, que se mantienen hasta hoy en manos de sus descendientes. Desde entonces, esta tradición se traslada de generación en generación; tanto es así que el 1 % de la población local se dedica exclusivamente a la orfebrería. Es decir, de los más de 300.000 luqueños, unos 3.000 habitantes se dedican a este delicado trabajo. Por este motivo, la ciudad se ganó el título de capital universal de la filigrana, secundada por la ciudad de México. Fuente Abc Revista

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