28 de enero de 2012

YSANNE GAYET “UNA GRINGA LOCA"

Hija de padres británicos, nació en 1948 en Slave Island, Ceilán (actual Sri Lanka). Vive en Paraguay desde 1970. Inquieta y creativa son dos características que la llevaron a moverse con absoluta comodidad en el mundo de las artes visuales, dirigiendo varias galerías de arte y generando su propia obra artística. Una de sus últimas iniciativas, que apunta a generar una nueva mirada hacia las creaciones de cerámica producidas en los talleres de los artesanos aregüeños, celebra este enero su segundo aniversario.
Su llegada a Paraguay se vincula a la tierra; su padrastro presidía en Inglaterra la Liverpool Cotton Exchange, empresa que compraba algodón de distintos continentes. En ese mundo de negocios, apareció quien sería su primer marido y la traería al país para contraer matrimonio. Por aquel entonces, Ysanne estudiaba floricultura y arte floral en un internado en el norte de Gales. “Con las flores que cultivaba creaba arreglos florales, ramos de novia e incluso coronas fúnebres”, recuerda de aquellas épocas.

Se casó, tuvo tres hijos y echó raíces en Paraguay. Durante sus primeras temporadas sintió deseos de volver a Europa, porque nunca le gustó el calor, pero ya casi no piensa en ello. “Estoy muy concentrada en todo lo que hago y quiero tener salud para aportar más. Me gustaría tener la convicción de que realicé una obra importante y tal vez lo logre en unos años más”.

¿Cómo fueron los primeros años en Paraguay? Desde que llegué fui una persona muy inquieta, trabajé en miles de cosas; hice arreglos florales, diseñé jardines y ropas, incorporando elementos de la artesanía local. También solía ir al interior del país y me quedaba en los pueblos para comprar muebles, que traía a Asunción y los restauraba yo misma. En Santaní, me quedaba en el Hotel Arias (en la década del 70 no había ni luz eléctrica en la zona), hasta donde llegaba gente en carretas y convoyes para traerme sus baúles y roperos. Decían: “Hay una gringa loca en el pueblo que está comprando cosas viejas”; no daban le valor a esos elementos.

¿Cuándo comenzaste a pintar? Paulatinamente, primero inauguré varias galerías de arte. La primera estuvo sobre la avenida España. Después, una empresa automotriz me pidió habilitar una galería en su showroom y el Hotel Itá Enramada me solicitó que montara un espacio artístico.

¿Misma época en que comenzaste a promocionar la artesanía paraguaya? Abrí Artesanía Sambucú en San Lorenzo, buscando descentralizar el mercado de la artesanía de Asunción. Fue el primer lugar, aparte de la Recova, que tenía piezas bien elegidas. Pensé que esa ciudad era ideal, porque allí convergen todas las rutas y se conecta con muchos pueblos del interior. Además, conseguí que la Asociación Paraguaya Indígena (API) se instalara a media cuadra de mi galería. Años más tarde, a una cuadra y media, fundamos el Museo del Barro con (Carlos) Colombino y (Osvaldo) Salerno. La idea era generar un espacio cultural fuera de la capital. Después, Salerno y Colombino decidieron que tendrían un mejor control del museo si lo trasladaban a Asunción y se mudaron, primero sobre la calle Mcal. Estigarribia y luego en la zona Isla de Francia, pero yo no estaba más con ellos.

¿Cuándo y por qué te mudaste a Areguá? A mediados de los 90. Mantengo un perfil bajo desde que me mudé, tiempo desde el cual me dedico a filmar. Iba al interior, con mi pareja, y filmábamos comunidades indígenas, arte popular y fiestas patronales. También empecé a investigar y a escribir libros. Publiqué algunos; mi temática gira en torno al Paraguay y a otras cuestiones. Pienso ir publicándolos.

¿Tuviste otros sitios culturales? Uno en Villa Morra y otro sobre General Santos, la Galería de Pintura Naif y Arte Primitivo Ysanne Gayet, desde las que promocioné el arte indígena y naif, como la obra de Carlos Federico Reyes, Genaro Morales, Graciela Malatesta y José Sequera.

¿Cuál fue el objetivo del Centro Cultural del Lago (CCDL)? Abrí este espacio hace dos años, buscando fomentar la creatividad de los artesanos de Areguá, muy metidos en la producción masiva porque, como es lógico, de algo tienen que vivir. Estamos trayendo a una artesana de Tobatí, Carolina Noguera, para que dicte un curso de dos meses a 23 artesanas aregüeñas sobre el sistema autóctono de la alfarería. En Areguá trabajan con molde y tornos, no aplican los engobes (pasta de arcilla) naturales o el sistema del ahumado, que caracterizan a las técnicas indígenas. El año pasado, un artesano peruano dio un curso sobre técnicas nativas que generó mucho entusiasmo.

¿Creés que recuperando esas raíces indígenas el trabajo de los artesanos será más valorado? No sabemos, pero si uno o dos de ellos agarran viaje con esta propuesta, voy a estar más que satisfecha. En dos años de trabajo es difícil saber qué impacto podría generar. Mientras, consideramos que este es un pequeño grano de arena que estamos aportando. Queremos seguir con las capacitaciones, pero necesitamos más apoyo económico. El CCDL tiene apoyo de Itaú, pero para hacer cuanto pretendemos este año, precisamos un apoyo mayor.
¿Cómo se sustenta el CCDL? Vivimos de lo que vendemos, pero no cubre los gastos más grandes. Además de las limitaciones económicas, existen las humanas. Soy yo quien organiza todo durante todo el año y, aunque tengo mucha energía, ya tengo mi edad. Hay muchos factores para que el Centro marche bien después del arranque.
¿Seguís pintando? Sí, cada vez que puedo. Necesito más tranquilidad para pintar. Ahora no tengo taller, se convirtió en un depósito, porque he ido comprando cosas que me gustan en los últimos años; de repente, hasta mi sofá y mi dormitorio van desapareciendo, porque están llenos.

¿La gente pide tus cuadros? Mucho. En junio del año pasado, tras 15 años, volví a hacer una exposición de 120 cuadros de pequeño formato. Se vendieron prácticamente todos.
¿Pensás abocarte más a escribir? De momento, sí. Acabo de escribir tres cuentos más. Son historias con personajes de la vida real, sobre gente que conozco y hechos verídicos, relatados con un poco de realismo mágico.
¿Podría decirse que el audiovisual es otra de tus pasiones? Sí. Siempre llevo una cámara filmadora a mis recorridos por el interior. Hubiera sido una lástima no documentar un viaje de 12 días con 41 indígenas a su territorio ancestral, en la comunidad de Jesudi, en el norte del Chaco paraguayo. De eso surgió el audiovisual y el libro Las tortugas de Chovoreca, presentados el año pasado. Es algo que me gusta hacer, pero tendría que tener más tiempo. Me encantaría dirigir.
Lleva más de cuatro décadas viviendo en Paraguay. Si bien no logra que la pobreza, la inseguridad y el problema de los indígenas dejen de impactarla, agradece a este país la oportunidad que le dio de poder desarrollar su creatividad. Comprometida con las artes visuales, la promoción de espacios culturales, la causa indigenista, la investigación, los documentales y la literatura, Ysanne Gayet desarrolló una vida intensa e interesante en la tierra en la cual vivió la mayor parte de su vida. Fuente Abc color

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