27 de febrero de 2012

Joven que de niño era marginal sueña con estudiar en Harvard

Vivió en las calles por tres años, donde robó y se drogó, pero fue rescatado y se rehabilitó en el seno de una gran familia. Hoy vive independiente y se prepara con la intención de viajar a los Estados Unidos. Por Claudia Cardozo.
Cristian Diego Duarte
 junto a su padre adoptivo, Antonio Rodríguez.
Diego vivió tres años en las calles de Ciudad del Este, en el Alto Paraná, y fue líder de una pandilla de niños que se dedicaba a robar. Llegó a fumar crack para no pasar hambre, pero fue rescatado a los 13 años. Con el amor de una familia que lo acogió, en el Hogar Betel, logró recuperarse y ahora está dando los primeros pasos para cumplir su sueño, el de estudiar en la Universidad de Harvard, Estados Unidos.
Cristian Diego Duarte tiene 21 años. Terminó sus estudios secundarios en el 2011 y actualmente estudia inglés en un instituto privado. Ya realizó dos cursos intensivos del idioma en el Brasil y su próxima meta es ingresar a la universidad estadounidense.
Sin conocer a su padre y lejos de su madre, el joven se crió con una tía que era alcohólica. Con tan solo 9 años cargaba el compromiso de ayudar al mantenimiento de la casa, donde también vivían sus tres primos. "Vendía empanadas y caramelos. Muchas veces me estafaban, porque comían mis productos sin pagar. Cuando llegaba a casa de tía ella me castigaba con golpes y yo no comprendía bien qué sucedía porque era muy niño", recuerda.
Al no soportar los castigos permanentes de su tía, Diego, un día, decidió huir de la casa y no regresar. "Empecé a cantar en los buses y luego directamente a pedir limosna. Con el tiempo fui conociendo a otros chicos y al final terminé siendo líder de un grupito que se dedicaba a robar", confiesa.
Duarte dijo que se especializó en robar autorradios y que comenzó a fumar crack para soportar el hambre en muchas ocasiones. "Vivía mal y siempre fui consciente de eso, pero no tenía opción. No quería volver a casa de tía. Lo que más me hizo sufrir fue caminar descalzo bajo el intenso calor. Además, una vez casi fui abusado por un brasileño pero pude escapar", relata.
RECUPERACIÓN. Cristian Diego fue rescatado de las calles a los 13 años por una institución administrada por el padre Nilo Mármol, actual secretario de la Niñez y Adolescencia en la zona, pero luego lo trasladaron al Hogar Betel, del barrio Remansito de Ciudad del Este.
Antonio Rodríguez, director de la casa, empezó su dura lucha por readaptar al chico que en ese momento no podía acostumbrarse. "Fui difícil al principio trabajar con él, porque le costó mucho adaptarse. Cuando llegó, no sabía leer ni escribir; así que mi esposa Carmen empezó a enseñarle intensamente", refiere.
"No quiso cursar el primer grado con los más pequeños porque tenía vergüenza, pero con mucha paciencia lo convencimos. Ese mismo año salió mejor alumno y desde entonces se dedicó plenamente a sus estudios. Diego es uno de nuestros grandes ejemplos, porque logró superarse y ahora está con todas las pilas buscando realizar sus nuevos anhelos", señala Rodríguez.

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