5 de abril de 2012

Estacioneros, en peligro de extinción

Por el rostro de la sangre, ñande jára ryvykue, camina la Magdalena ha′emante hendive... recita Paloma Carballo como cada Jueves y Viernes Santo junto a los estacioneros de Loma San Jerónimo, una de las agrupaciones de pasioneros que aún persiste, a pesar de que en la actualidad los estacioneros se han vuelto una especie en peligro de extinción de las semanas santas paraguayas.
En las alturas accidentadas de Asunción van descalzos, desafiando al dolor y los pronósticos meteorológicos adversos que se esperan para los días santos de este año. Ellos no se cansan, ni se incomodan, ponen pecho a la amenaza que acecha a los estacioneros jóvenes que, por el ajetreo diario, la falta de fe y el exceso de trabajo prefieren apagar sus cantos populares en la Semana Santa por no poder acudir a los ensayos.
La devoción de los Florentín y los Carballo no tiene descanso. Como cada año, los más de 20 integrantes se hacen de tiempo para ensayar las palabras que se hacen canto y poesía en castellano y guaraní desde hace 80 años, de forma ininterrumpida entre los angostos pasillos del barrio más alto de la capital.
"Acá no importa si hace frío o calor, ni si hay vidrios o piedras por el camino", comentan en coro Iluminada, Catalina, Monserrat Carballo, integrantes de esta agrupación familiar que se diferencia de las demás porque en ella, las mujeres también tienen voz.
TRADICIÓN. Analiz Florentín, de 17 años, es modelo, pero eso no le impide cumplir con su responsabilidad primera: ser estacionera, como su abuelo don Agripino Florentín, uno de los fundadores de los Estacioneros de San Jerónimo junto con doña Fidela Carballo, Marcelino Ramírez y don Genaro Rojas.
"Es más larga mi carrera de estacionera que de modelo", confiesa Analiz, quien ya se prepara para ir desde esta tarde con sus vecinos y familiares por las calles para cantar las canciones del ymaguare que conservan como reliquia los estacioneros de San Jerónimo.
Un cuadernillo ajado por los años, según la antigua estacionera Catalina Carballo "es un tesoro familiar" que conserva lo más preciado para los pasioneros, las letras de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
ALTARES CALLEJEROS. En San Jerónimo, cada altar callejero es una estación. Con los años, los hogares de la Loma se han olvidado de armar los altares improvisados, en la actualidad; son muy pocas casas las que sacan sus santos en los días sagrados. Este hecho preocupa a los estacioneros porque el purahéi jahe′o se canta por menos horas y ya no como antes.
EN AMENAZA. En la Semana Santa de 1946, en el centro de Villa Elisa aparecieron los primeros pasioneros de la zona y nació la Sociedad de la Santísima Cruz, que hasta hoy conmueve a los feligreses cada Viernes Santo. Solo que en las últimas semanas santas, las voces de dolor suenan más bajo, porque cada vez son menos.
"De 28 estacioneros quedamos 14 solamente. Parece que la juventud ya no quiere cantar más. Estamos pocos ahora. Gracias a Dios, ahora sumamos dos jóvenes más. Hubo un tiempo en que casi nos extinguimos como agrupación, pero decidimos seguir, ha rohóiti hese", comentan frente a la cruz, los estacioneros Rubén Darío Morel, Pantaleón Aquino.
Don Damiano hace 25 viernes santos es estacionero, es el más veterano de su agrupación. "Avy′a upévare aime ijapytépekuéra ha asegui la santísima cruz", manifiesta en lengua guaraní su alegría por conformar la agrupación a la que este año se unió Silvio Valenzuela y su joven hermano, para que el cantar de los estacioneros no se apague. Fuente: Ultima Hora.

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