1 de septiembre de 2012

“Costura es arte"

Beverly Kuhl.
Nació en Asunción, de padre norteamericano y madre suiza. Cursó la primaria y secundaria en el colegio Santa Clara. Fue bailarina clásica de destacadas compañías de danza del país. Estudio Diseño y Moda en Delego. En la actualidad es considerada una de las mayores exponentes de la alta costura nacional.
El padre de Beverly Ann Kuhl Soutter (41) llegó al país en misión militar como marine de Estados Unidos, y su madre era hija de un diplomático suizo. Ambos se conocieron en Paraguay, se casaron y fueron a vivir a Estados Unidos, luego volvieron a instalarse en nuestro país. Beverly, desde pequeña, manifestó su interés por la costura y la moda. Primero les confeccionaba la ropita a sus muñecas y desde los 15 años se hacía sus propias prendas. Estudió danza clásica con Nicole Dijkhuis y su pasión por el arte le atribuye a esta disciplina. Ante su habilidad para crear y confeccionar prendas, Dijkhuis le preguntó si se animaba a confeccionar trajes de danza. Así asumió el desafío y empezó a recibir pedidos de la academia. “Nicole confió en mí”, recuerda con afecto. A raíz del éxito, tomó un curso en la prestigiosa escuela Delego y la Moda, antes de que cerrara sus puertas en Paraguay, hace como diez años. Allí aprendió diseño, corte y confección. Al culminar el secundario, Beverly se abocó al baile profesional. Estuvo en el Ballet Municipal y en el Nacional. “Fueron años espectaculares”, asegura. Es madre de cuatro hijos, una nena y tres varones, a quienes cría con el apoyo de su esposo. A su hija mayor le interesa la costura, no así el ballet. Beverly cree que es sumamente importante apoyar la confección nacional.
¿Cómo fue tu salto hacia la alta costura? Soy de las que hacen las cosas porque le gustan. Desde chiquitita siempre me gustó todo lo que fuera moda, siempre me gustó colgarme cosas. Después empecé a confeccionar trajes de baile y luego pasé a la alta costura. El salto hacia el diseño vino de la mano de mis amigas. Como sabían que yo me hacía mis prendas, empezaron a pedirme algunos vestiditos, algunos modelos, y así empezó todo. También tuvo que ver mucho Nicole Dijkhuis, quien era muy exigente con los trajes de danza; no tenían que tener ni una sola arruga, todo tenía que estar perfecto, y creo que vieron eso reflejado en mi trabajo. A partir de allí dijeron: “Ella puede”.
¿A qué atribuís tu éxito? Este es el país en que el trabajo bien hecho va de boca en boca. La gente ve y pregunta: “¿Quién te hizo tu vestido, quién te hizo esto?”. Así, primero empecé con las mamás de la academia de danza que me preguntaban si les podía hacer un vestidito a sus hijas porque tenían una fiesta y después ya me preguntaban si les podía hacer el vestido de 15. Tengo clientas desde que estoy en esto, hace 16 años.
¿Qué te dejó el ballet? Fue una etapa espectacular que ya culminó. Veo ballet y me quiero subir al escenario a bailar; es algo que está dentro de mí. La danza me ayudó muchísimo, te da disciplina, presencia. Para mí, el ballet es maravilloso y me dejó muchísimo, principalmente, amigos. Pasa lo mismo con la costura, porque te relacionás mucho con la gente.
¿Por qué te apartaste de la danza? Tenía otras aspiraciones, además mi cuerpo no era para una bailarina clásica. Más que nada lo que me apartó fue mi físico y mis problemas en los tendones. Siendo bailarina sabés cuándo te tenés que retirar y, si lo hacés a tiempo, siempre te recuerdan de la mejor manera.
¿Qué significa cada traje que diseñás? Siempre le digo a la gente que cada vestido no es uno más, sino que es “el vestido”, para esa ocasión. Yo sé que ese atuendo es importante para ella y por ello le ponés un amor impresionante. Hay gente que es medio reservada y que pone una barrera, pero después se da cuenta de que estás dando tu mayor esfuerzo y lo mejor para que su vestido sea espectacular.
¿Cómo es el proceso de creación? Nos reunimos con la clienta y le muestro unas revistas como para ver su personalidad. Así, vamos armando todo. Por supuesto, siempre les advierto qué es lo que les va a favorecer más. Hay varias situaciones: si es la protagonista o no, si es la novia, la quinceañera, la mamá, las hermanas, y todo eso debe estar acorde a la personalidad y a las tendencias. Por ejemplo, a una mujer con el cuerpo perfecto no podés vestirla con una prenda floja porque se verá más grande, así como no podés vestir a una persona baja de estatura con mucho vuelo porque se verá más chiquita. Hay ciertos trucos que se deben tener en cuenta.
¿Qué te suelen decir tus clientas? Siempre están conformes. Me comentan que se sintieron hermosas, que era mucho más de lo que esperaban y la satisfacción es grande. También hay gente a la que no le vas a dar el gusto nunca, pero no porque no le agradó el vestido, sino porque tienen otro problema. En este trabajo también se aplica mucho de psicología.
¿Esos problemas tienen relación con el cuerpo? Normalmente no, porque también tengo clientas que no tienen el cuerpo perfecto y que me dicen que se sintieron unas diosas con los vestidos. Los problemas que veo son de autoestima. Hay veces que con un traje hacés que esa persona se sienta genial y eso es lo máximo, no tiene precio. Estamos en un mundo en el que la gente necesita mucho cariño. Yo siento que necesitan más contención, necesitan trabajar más en su seguridad y en su autoestima. Muchas cosas cambian con la autoestima elevada, hasta un vestido luce diferente. Aunque este sea sencillo o trabajado, se verá mucho mejor en una persona que se siente bien consigo misma.
¿Cómo es trabajar con adolescentes? Como madre de una hija adolescente, sé que las jovencitas a sus mamás no las quieren escuchar, pero a otra persona sí. Yo sé qué le pondría a mi hija y qué no le pondría. Me pongo en el lugar de esa mamá y sinceramente me encanta. Solo tenés que preocuparte por darle el gusto a la jovencita, dentro de los parámetros de lo que es una fiesta de debut o un cumpleaños de 15. Las chicas ahora quieren los vestidos muy cortitos y les explico que en esa ocasión no pueden usarlos así porque estarán invitados de sus padres, sus abuelos y que no pueden estar allí exhibiéndose. Les explico que deben cuidar su finura. Así, les voy asesorando, como ya lo dije, se aplica un poco de psicología y, de tanto trabajar con ellas, vas hablando su mismo idioma y las entendés más.
¿Qué opinás de la moda en Paraguay? Creció muchísimo y me pone muy contenta. Cuando terminé el colegio, quería estudiar Diseño de Moda y no existía tal cosa. Ahora hay carreras afines en casi todas las universidades. Lo que falta en realidad es gente que sepa coser, hace falta mano de obra capacitada en la costura. Todas las diseñadoras con las que hablo tienen el mismo problema, la falta de costureras. Es importante que los diseñadores nacionales sepan de costura.
¿Cómo tiene que ser un buen diseñador? Si estudiás Diseño en otras partes del mundo, lo primero que todos aprenden es a coser. Para mí, un buen diseñador tiene que saber coser, tiene que saber de texturas, de telas, de moldería, de costura en sí, y en eso hay que hacer hincapié en las universidades para poder progresar en el rubro. Por otra parte, me parece fabuloso que haya muchos diseñadores porque genera una competencia sana. De igual modo, siempre hay trabajo para todos, hay público para todos. Este es uno de los pocos países del mundo donde te podés mandar hacer un vestido. Yo tengo clientas extranjeras que te dicen que es imposible en otros países. Aquí todavía tenemos el privilegio de poder hacernos vestidos a medida.
Beverly se compromete con el acabado perfecto de la prenda que confecciona. El diseño y la costura son artes que le apasionan, y dice que como creadores paraguayos no tenemos nada que envidiar a los de afuera. “La mano de obra paraguaya es excelente”, finaliza.
PUNTADAS
Beverly diseña vestidos de noche, para quinceañeras, novias y debutantes. Cada año, esta temporada es una época dura, asegura. Agosto y setiembre son meses pico; normalmente, en julio recibe los últimos pedidos de trajes para el debut. En agosto ya no atiende ningún pedido. Para las novias, el proceso es más extenso; algunas de ellas ya reservan un lugar con un año de anticipación, todo depende del tiempo del que dispongan. En su atelier, Kuhl emplea a cinco personas. Beverly asegura que el apoyo a la industria de la confección nacional debe partir desde el sector gubernamental y proyectarse a la sociedad toda. “Lo único que quiero es que Paraguay salga adelante, porque amo este país. Saldrá adelante trabajando y siendo honestos. Todos debemos tirar el carro, todos debemos trabajar y debemos mejorar a como dé lugar”, apunta.
Fuente: Abc color. Suplemento.

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