14 de octubre de 2012

Desde Pastoreo, pura energía

Agustín Wladimiro Escobar Santacruz tiene 26 años. A los 19 tomó su maleta y emprendió viaje en busca de sus sueños, que lo llevaron al otro lado del mundo. En Taiwán obtuvo su maestría en Ingeniería Aeronáutica y Aeroespacial, y se especializó en el uso de energías renovables. Hoy, este joven tiene el férreo deseo de aportar al desarrollo del Paraguay.
Instalado nuevamente en el este del país, luego de siete años de ausencia, la principal preocupación de Agustín es la cuestión energética, en especial por pertenecer a la zona de influencia de la hidroeléctrica binacional de Itaipú. “Vemos que se están haciendo los esfuerzos por mejorar la distribución de energía de manera óptima a todo el territorio paraguayo. Pero tampoco podemos negar que la crisis energética es cada vez más creciente. Ante esto, el aprovechamiento de la energía solar es una alternativa válida”, ensaya a modo de propuesta.

Sin embargo, también tiene en cuenta otro recurso hasta hoy abundante en Paraguay: el hídrico. “Los cauces hídricos pueden ser también aprovechados para generar electricidad a través de minirrepresas, que pueden representar una buena opción para localidades alejadas de los centros urbanos pero que cuentan con ese elemento de manera abundante”, reflexiona.
Agustín Wladimiro Escobar Santacruz (26) nació el 18 de junio de 1986, en Dr. Juan Manuel Frutos, Pastoreo. Fue alumno sobresaliente del colegio Tacuru Pucu, de Hernandarias, donde actualmente vive con sus padres, Balvino Escobar y Olga Santacruz, tiene cuatro hermanos, Mirian, Jorge, Ronald y Olga.
De momento, este ingeniero aeronáutico y aeroespacial con especialización en el aprovechamiento de energía renovable se encuentra disfrutando de la vida familiar, como tratando de recuperar el tiempo de ausencia. En medio de esto, tampoco descuida el panorama laboral y ya empezó a ver de qué manera aplicar sus conocimientos en nuestro país. “Lo que aprendí allá (en Taiwán) quiero traerlo aquí en Paraguay, trabajar en la energía renovable, en alguna industria y ayudar en lo que se necesite”.
Agustín se especializó en transferencia de calor, trabajos con turbinas, diseños y estructura de energía, enla National ChengKung University de Taiwán.
Para orgullo de sus padres, tuvo la oportunidad de ser becado, al igual que otros tres hermanos médicos, que estudiaron en Cuba. Pero a diferencia de ellos, Agustín osó en apostar en algo poco común en nuestro país. “Un tiempo después de terminar el colegio, leí en el diario que el Gobierno de Taiwán otorgaba becas a estudiantes sobresalientes, que se canalizaban a través del Consejo Nacional de Becas; me presenté para concursar y fui seleccionado con otros 20 jóvenes”, recuerda.
A pesar de las grandes expectativas de conocer otros lugares y culturas, la vida en otro recodo del mundo no fue nada fácil de sobrellevar. “Es difícil dejar la familia, pasar cumpleaños y otras festividades lejos de tu casa”, confesó.
Para Agustín y sus compañeros, los primeros días lejos de su país fueron de pura aventura, conociendo lugares nuevos y probando las comidas preparadas en Taiwán. “Extrañé mucho la comida paraguaya; al principio, nos pasábamos comiendo McDonald’s y, en pocos días, nos convertimos en unos gordos”, dice riendo y agrega: “La comida china es muy diferente a la que comemos en Paraguay. Cuando llegaba la hora de comer, nos poníamos de acuerdo en que cada uno pediría un tipo de comida, pues no sabíamos si sería rica o no, pero de a poco nos fuimos acostumbrando”.
En sus primeros días en la isla tuvo miedo de sufrir discriminaciones, pero no fue así. “Las personas son muy amables, nunca sentí racismo ni discriminación”, expresa.
Tan lejos de su país, y en un lugar totalmente desconocido, Agustín y sus compañeros se perdieron una y otra vez. “Muchas veces nos perdimos, luego comenzamos a utilizar puntos de referencia.
Afortunadamente, el nombre de la universidad ya nos habíamos aprendido, así que las veces que no sabíamos en qué lugar nos encontrábamos, llamábamos un taxi y pedíamos que nos llevara hasta la universidad”.
Como estudiante, Agustín le sacó el jugo a la oportunidad que le dieron; incluso, estando allá, se ganó otra pequeña beca por sus buenas calificaciones.
Rememorando momentos de su estadía en Taiwán, Agustín recordó una costumbre que adoptó en el Oriente. “En Taiwán, me acostumbré a tomar té, ahí se toma mucho té. Uno puede comprar de un pote de medio litro y toma como si fuera agua, es para ellos lo que es el tereré para nosotros”.
Y hablando del tereré, nos comentó su hazaña para llevar kilos y kilos de yerba para tomar tereré en otro país. “Llevé muchísima yerba; afortunadamente, no tuve problemas para viajar con eso y, gracias a Dios, nunca me faltó yerba estando allá”, recuerda.
Eso sí, jamás se animó a compartir su tereré con algún taiwanés. “Ellos no tienen mucha costumbre de socializar, cada uno va con su vaso o cubierto; el saludo consiste en asentir. Mi tereré solo lo compartí con paraguayos”.
Allá por los años 2005-2006, la comunicación vía internet empezaba a ganar terreno en nuestro país, por lo que en principio le costó tener contacto con sus familiares. “Yo los llamaba de tanto en tanto, pero la comunicación vía telefónica resultaba muy cara. Con mis hermanos (que fueron al extranjero antes que yo), mis padres se comunicaban a través de cartas”. Con el avance de la tecnología y la aparición del Skype, todo resultó más fácil y hablábamos con más asiduidad.
Para Agustín, Taiwán es un ejemplo de desarrollo. “Lo más importante allá es la educación, se invierte mucho en la capacitación de las personas. Existe mano de obra calificada y empleos por doquier. El costo de las cosas es bastante bajo y no hay problemas de inseguridad”. Recordó que más de una vez perdió su notebook e incluso su billetera, pero en todos los casos le devolvieron.
Cuando finalizaba el año, y debía decidir qué pasos tomar, a pesar de tener una interesante propuesta en Taiwán, Agustín pensó en su país, en su familia y decidió regresar, con la esperanza de conseguir un lugar donde pueda explotar sus capacidades y conocimientos adquiridos en el exterior.
Fuente: Abc color.
Fotos Gentileza Diario Vanguardia.

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