7 de octubre de 2012

Palacio de López: 120 años


Con gran solemnidad y en coincidencia con la celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América, el 12 de octubre de 1892, se procedió a la inauguración oficial del Palacio de López. Hoy, a 120 años de aquel acto, su historia es un emblema de identidad paraguaya. Por Javier Yubi, ABC Color.
El gobierno presidido por Juan Gualberto González decidió, en 1892, concluir la construcción del Palacio de López, con el propósito de trasladar allí su despacho presidencial e inaugurar el edificio con una gran exposición nacional.
El investigador de la historia paraguaya don Carlos Alberto Pusineri Scala describe en detalles que la misma se cumplió el 12 de octubre de 1892, con motivo de las celebraciones del IV Centenario del Descubrimiento de América. “Si bien fue el presidente González el que inauguró la conclusión del Palacio y la exposición de productos nacionales, no vio colmados sus deseos de ocupar como sede presidencial ese edificio. Recién el general Juan Bautista Egusquiza, quien inició su gobierno en 1894, fue el que habilitó esta construcción como Palacio de Gobierno. Hasta aquel entonces, el Palacio de Gobierno era el actual Palacio Legislativo, conocido como Cabildo”.

En los periódicos de la época se leen distintos artículos sobre la exposición. Uno de ellos se titula “Exposición Nacional” y dice: “Se previene al público que la Comisión Central ha resuelto permitir que se hagan instalaciones especiales en el mismo local de la exposición en parajes que se designarán de común acuerdo”.
En otro párrafo señala: “Se destinará un salón en el cual, el día de la inauguración y el de la clausura, los expositores puedan distribuir gratis al público los artículos expuestos si así les conviniere”.
Decían también los diarios que serían premiados los expositores cuyos productos merecieran una distinción, según el dictamen del jurado. Los premios consistirían en diplomas de tres clases, que representarían medalla de oro, de plata y de bronce, y serían distribuidos solemnemente en el Teatro Nacional (hoy Teatro Municipal Ignacio A. Pane), el 25 de noviembre de 1892. Las medallas contendrían el escudo nacional y los atributos del comercio, agricultura, arte, industria y las letras.
Los expositores fueron llevando sus obras de artes, distintos productos y trabajos artesanales, que fueron ubicándose lo mejor posible en los lugares apropiados.
Llegó el 12 de octubre, fecha designada para la apertura de la exposición, y a la hora indicada se presentó el presidente don Juan G. González y acompañantes, quienes fueron recibidos en la puerta del Palacio por los miembros de la Comisión Central.
En el periódico La Democracia del día 13 de octubre se lee un artículo publicado por don Ignacio Ibarra, titulado: “La fiesta de ayer” y que, en partes, consigna: “Desde el martes por la mañana notábase un inusitado movimiento en la ciudad, y desde el mediodía comenzaban a embanderarse las casas. La Plaza Uruguaya estuvo perfectamente arreglada con banderas, faroles y guirnaldas; por la noche estuvo una banda (de músicos) que animaba a la inmensa muchedumbre que por allí paseaba; las casas embanderadas e iluminadas”.
Hoy, a 120 años de aquel memorable acto inaugural, el Palacio de López, en función de sede del Gobierno, mantiene intacta su belleza y es la obra arquitectónica más emblemática de la República del Paraguay.
En los primeros tiempos, desde que el presidente Juan Bautista Egusquiza ocupó en 1894 el edificio, el despacho presidencial estaba situado en la planta alta. En 1949, el presidente Felipe Molas López, con dificultades para subir las escaleras, mandó trasladarlo al piso inferior, en el ala este, donde se halla en la actualidad.
Con el transcurrir del tiempo, las dependencias originales fueron transformándose de acuerdo a las necesidades de la administración gubernativa.
En 1990, el Poder Ejecutivo suprimió todas las oficinas de la planta alta y dispuso el reacondicionamiento del edificio. En el ala oeste se rehabilitó un gran salón con el nombre de “Libertad”, destinado a las recepciones oficiales. Su utilización comenzó en octubre del 90 con una visita de los reyes de España, don Juan Carlos I y doña Sofía.
Los salones del sector este, anteriormente conocidos como Rojo, Blanco y Azul, recibieron el nombre de Salón de las Américas. Ubicado también en la planta alta, el Salón Independencia es el espacio destinado a los grandes actos protocolares: presentaciones de cartas credenciales, condecoraciones a personalidades ilustres, juramentos de autoridades y otros acontecimientos que deben revestirse de máxima solemnidad. Ambienta el salón un enorme cuadro al óleo del pintor Guillermo Da Re, que recrea el momento en que el prócer de la Independencia Vicente Ignacio Iturbe intima rendición al gobernador español Bernardo de Velasco, en mayo de 1811.
En la planta baja del Palacio de López funcionan, además del despacho del presidente de la República, la secretaría privada, el salón de reuniones del Consejo de Ministros, que en la actualidad pasa a llamarse Sala Próceres de Mayo; están las oficinas de los edecanes militares, secretaría general, sala de guardia, Dirección de Informaciones, Ceremonial del Estado, Dirección Administrativa y del Personal y sala de Prensa. En el sótano funciona el exclusivo comedor presidencial.
Hermosos jardines, sobre la calle Paraguayo Independiente y en la fachada litoral, adornan los amplios espacios del monumental edificio.
Asentado en un terreno de dos hectáreas, frente a la bahía de Asunción, el Palacio de López es una de las construcciones más elegantes de la capital paraguaya. En la primera mitad del siglo XIX, el mariscal Francisco Solano López recibió de regalo el predio de parte de su padrino de bautismo, Lázaro Rojas. Durante el gobierno presidencial de su padre, don Carlos Antonio López, el militar paraguayo viajó a Europa con la misión de contratar técnicos y profesionales para desarrollar obras de progreso en el país. Así llegaron ingenieros y arquitectos que iniciaron una serie de construcciones que transformaron el paisaje urbano de la Asunción poscolonial. Entre las construcciones encomendadas figuraba un palacio que sería residencia del mariscal López. De planificar la obra se ocupó el ingeniero húngaro Francisco Wisner de Morgenstern y los trabajos se iniciaron en 1857, bajo la dirección del arquitecto inglés Alonso Taylor. En el cimiento se emplearon piedras extraídas de las canteras de Emboscada y Altos; las maderas se trajeron de bosques y obrajes de Yaguarón y Ñeembucú, y los ladrillos fueron proveídos por las olerías públicas de Tacumbú. Las piezas de hierro forjado se hicieron en la Fundición de Ybycuí.
A las órdenes del arquitecto Taylor trabajaron también técnicos, escultores y artistas que se encargaron de la construcción y decoración del edificio. Su principal asistente era el arquitecto italiano Alejandro Ravizza; y el ingeniero inglés John Owen Mognihan tuvo a su cargo esculpir las figuras necesarias para la ambientación palaciega. Moldeó artísticas estatuas en piedras rojas y blancas sacadas de las canteras de Emboscada y Altos para adornar los salones.
El 25 de enero de 1864 arribó a Asunción el especialista italiano Andrés Antonini, quien vino exclusivamente para diseñar e instalar la escalera central de mármol que da acceso a la segunda planta. Colocó también mesadas y confeccionó piezas decorativas en el transcurso de los dos años que duraron sus intervenciones. El artista francés Julio Mornet contó con la colaboración del pintor paraguayo Aurelio García en la tarea de pintar el cielorraso con motivos florales y figuras.
Hecho al estilo neoclásico renacentista, el Palacio de López estaba casi terminado en 1867. Apenas faltaban detalles de acabado para su conclusión. La ornamentación incluía estatuillas de bronce, como la Venus de Milo, Ceres, Diana cazadora. Algunas de aquellas pequeñas esculturas llevaban las firmas de artistas como Horidan, Allegrain y de Clodion, provenientes del Museo del Louvre y otros de Florencia, Italia. El mobiliario importado de París, al estilo francés, en maderas nobles incluían finos esquineros, bronces y mármoles. Además resaltaban los adornos grecorromanos. Los espejos con vidrios biselados, las alfombras y las cortinas de terciopelo traídos de Francia otorgaban aires europeos a los distintos ambientes del elegante edificio, con un cuerpo central y dos alas que lo flanquean en avance hacia la ciudad.
En poder enemigo
El inicio de la Guerra de la Triple Alianza hizo que el mariscal López abandonara la capital y se instalara en territorio del Ñeembucú, desde donde comandaba las operaciones de defensa. No llegó a ocupar su fastuosa residencia, que sufrió los bombardeos previos a la toma de Asunción por parte de la escuadra brasileña. Al desembarcar el 5 de enero de 1869, las tropas de ocupación se apoderaron del edificio, que utilizaron como cuartel, y sus corredores les sirvieron de caballeriza.
Malas condiciones
Al terminar la guerra, en 1870, Asunción continuó en poder de los brasileños, que se retiraron en 1876. En junio del mismo año, el Palacio, que sufrió daños y saqueos, quedó libre y permaneció en total estado de abandono hasta que el gobierno de Juan Gualberto González (1890-1894) se ocupó de su recuperación con el propósito de convertirlo en sede del Gobierno nacional.
Oficina para otro
El presidente Juan Gualberto González, quien ordenó la recuperación del Palacio del López, no llegó a instalar su despacho en el edificio. Sucedió que en junio de 1894 fue depuesto por un golpe de Estado y en su reemplazo asumió el vicepresidente Marcos Morínigo. Este tampoco tuvo tiempo de montar su oficina en la nueva sede, porque no duró en el poder. Recién el general Juan Bautista Egusquiza pudo concretar la utilización efectiva del Palacio de López como sede del Gobierno nacional, el 25 de noviembre de 1894.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ultima Hora - Nacionales

Las ruinas jesuíticas observadas desde el aire

Visita a la tumba de Mangore.


Honor a quien honor merece!Sady y Teofilo Acosta directores de Ecos del Paraguay vistaron la tumba del gran musico paraguayo Agustin Pio Barrios cuyos restos descansan en el Cementerio de los Ilustres de El Salvador.