13 de marzo de 2013

La felicidad es un dibujo

Belén Boya, tiene una de las profesiones más lindas: el dibujo. Partió de Paraguay hace una década. Estudió y trabajó en España. Hoy vive en Washington D.C. Con confianza en su trabajo, lucha día a día por ganar espacio en un ambiente enormemente creativo.

María Belén Díaz de Bedoya es una paraguaya talentosa que tiene la dicha de vivir intensamente de lo que le gusta: el dibujo. Belén Boya es el nombre artístico de esta creadora de personajes simples, simpáticos, muy expresivos. Egresó como diseñadora gráfica de la Universidad Católica. Luego, se perfeccionó en dibujo e ilustración en la Escuela de Bellas Artes de Salamanca. Tiene un máster en Animación en 3D (España). Desde pequeña, sus dibujos eran su mejor manera de comunicar sus sentimientos; por el Día del Padre, de la Madre hacía tarjetas con toda la familia impregnada a través de sus cálidos trazos.
En el colegio se encargaba de las carátulas de los cuadernos de sus compañeras y, por supuesto, de ilustrar los mensajes de amor. “Mi gran y más importante dibujo fue la camiseta del Centro de estudiantes de mi promoción: 1994 (colegio Santa Teresa de Jesús)”, cuenta orgullosa. Los años y su perfeccionamiento fueron abriendo camino. “En España disfruté de cada uno de mis trabajos, desde ilustrar cuentos para niños como crear personajes para periódicos. Uno de mis personajes más queridos fue Avancita para la empresa Avanzalibros”. En Washington está envuelta en diferentes proyectos. Ha trabajado para el Museo de Arte de las Américas y participa activamente en el mundo artístico de EE.UU.
¿El dibujo siempre fue tu trabajo? Sí, siempre fue mi herramienta. Hago dibujos digitales, a lápiz, tinta, marcador, acrílico. Creo imágenes digitales, diseños para estands, calendarios, pinturas y representaciones, entre más cosas, para empresas pequeñas, medianas y grandes, de toda industria.
Dominás tu arte ¿qué te falta aprender? Para serte sincera, cuando me piden que pinte un mural, unos cuerpos o que exponga mis cuadritos enmarcándolos, cuando me preguntan si puedo dibujar un estand a tamaño real, siempre pienso: “¡Pero si yo nunca hice eso!”. Luego llega el día, lo hago y descubro que sé hacer algo nuevo, y que lo repetiría mil veces. Vivo en constante aprendizaje, descubro nuevas aptitudes.
¿Qué representa el dibujo en tu interior? El dibujo unifica las etapas de mi vida. Es una de las cosas que mantuve con los años; cambiaron mis personajes y su estilo, pero yo no. Dibujar representa la felicidad, mi acogedora burbuja. Mi dibujo preferido, cuando garabateaba en mis cuadernos, era un niño sonriente sentado en el inodoro; hasta lo imprimí en una camiseta.
¿Cómo te sentís en Washington DC? La comunidad artística en DC no es tan grande como en Nueva York, pero es una ciudad chica donde los artistas participamos en eventos, nos vamos conociendo entre nosotros y se va conociendo nuestro trabajo, así surgen las oportunidades. Puedo decir que logré encontrar dónde comienza el camino por el que siempre quise andar.
¿A quién admirás en el arte latinoamericano? Definitivamente siempre me impactó el colorido de Ricardo Migliorisi. En el dibujo no puedo negar que el estilo que creó Tim Burton se ve en mis personajes. También me deleita observar los detalles de las líneas, la intensidad de los coloridos y la magia de las ilustraciones de Rebecca Dautremer.
¿Por qué te fuiste de Paraguay? Viajé a España por motivos familiares. Vengo cada año a pasar las fiestas. Siempre pasa algo que lo posterga, pero sé que voy a volver a vivir en mi país algún día.
Si tuvieras que dibujar la situación actual de Paraguay, ¿cómo sería? Con el tereré en mano, ¡sonriendo! Aunque estemos estresados, tranquilos, con dinero, sin dinero, angustiados o alegres, servirnos un tereré nos hace felices.
¿Cómo empieza tu semana? Me levanto y me preparo un tereré, al mismo tiempo como galletas sin gluten. Luego prendo la computadora, veo mis emails y organizo mi día. Trabajo durante la mañana dibujando o diseñando proyectos nuevos y a la tarde voy a mi clase de pintura en Torpedo Factory. Después de las clases, me quedo hablando con los artistas en sus talleres, voy a alguna actividad cultural o vuelvo a continuar con el proyecto de la mañana; siempre hay algo que hacer en DC. Los fines de semana aprovecho para ir a cenar con mis amigos, hacer ejercicio, ir a ferias, cine, parques; Washington tiene mucha naturaleza.
¿Qué facilidad o ventaja te da ser mujer en el mundo del dibujo? Todo depende de la creatividad, no del género.
¿De dónde surgen tus motivos? De mi percepción de observar lo que siente la gente.
¿Cómo describís tu estilo? Como un fresco estilo que expresa sentimientos.
Los hologramas en Oriente causan furor ¿qué te parecen? Es peligroso jugar con la vida de las personas; no me parece que lo sea el jugar artísticamente con nuevas técnicas para crear un concepto sobre ellas. Se puede mostrar con una imagen lo que significa ser una persona y, definitivamente, la tecnología aporta nuevos medios para hacerlo, generando riqueza al arte sin desplazar otros medios de expresión.
¿Pero es buen arte esta vivificación del dibujo? A la calidad del arte no la valoraría porque sea digital o artesanal, sino por su riqueza, por su capacidad de generar una reacción en quien lo aprecia. No se puede crear una pieza de arte que genere indiferencia, eso sí sería muy triste.
¿Cuántas exposiciones tenés hechas en Washington? Participé recientemente en Artomatic, conocido por ser el mayor evento donde participan creativos de Washington DC. Allí mis trabajos captaron la atención de la compañía Art Soiree y fui invitada a participar en otras exposiciones, entre ellas la tercera edición de Midsummer Night’s Dream. Ese fue un show de fantasía donde dibujé por primera vez mis personajes sobre cuerpos. También presenté mis obras en la prestigiosa Universidad Gallaudet, para sordomudos.
¿Los dibujos pueden cambiar el mundo? No sé, pero pueden hacernos sentir, reír, llorar, pensar; quizás eso significa volvernos más humanos.
¿Qué te gusta que digan de tus personajes? Me encantó que me hayan dicho que aunque el personaje que dibuje esté llorando dramáticamente, igual les parece simpático y les hace reír. Me gusta, cuando me dicen que produce una enorme felicidad, la sensación de volver a la niñez.
Belén es muy sociable y alegre, conquista a sus amigos con una contagiosa sonrisa. Ama a los animales y anhela que su arte un día se convierta en su principal medio de sustento.
Vida y saudades
“Aquí la comunidad es muy abierta; todos somos de afuera. Me suelen preguntar si sé hablar en guaraní. En la jardinería no soy muy buena, no logro mantener una planta viva, siempre las riego de más. Al inglés, después de clases toda la vida, lo estoy puliendo. Mi comida es sencilla, nada de hamburguesas ni helados; tengo intolerancia al gluten, así que yo cocino, hago cosas muy sencillas hervidas, a la plancha o me decido por algo fresco. El éxito laboral se me va dando de a poco sin que yo lo piense mucho. Me gustaría que el dibujo me pague las cuentas del alquiler, agua, luz, el supermercado, el metro, algún capricho, el billete para visitar a mi gente. De Paraguay extraño los almuerzos domingueros, los asados, los amigos y mi familia”.
Fuente: ABC color. Por Lourdes Peralta. lperalta@abc.com.py

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