14 de abril de 2013

Paraguay derroche de naturaleza

Es un país pequeño si lo comparamos con los países vecinos, pero tiene mucho que ofrecer, tanto culturalmente como por su variada naturaleza. Su agitada historia de guerras y conquistas ha ido dejando una huella indeleble en su gente la cual es cálida y modesta; optimista y perseverante; pragmática e ingeniosa. Por Ana Cristina Reymundo (Revista Nexos).

Existen lugares que captan la imaginación y desde esa primera mención su mito crece y el deseo de llegar a conocerle también.
Así me sucedió cuando yo era muy pequeña y escuchaba a mi madre cantar la romántica canción Recuerdos de Ypacaraí. La dulzura de su voz combinada con esa nostálgica melodía producía en mí una intensa melancolía porque me imaginaba a una mujer caminando a las orillas del “lago azul de Ypacaraí”, buscando a su amor perdido. Aprendí a cantar la canción tanto por los misterios que encerraba como por su bella melodía. 
Fuera de explicarme que era una vieja canción paraguaya, nadie me sabía decir dónde exactamente estaba ese lago, cómo era el guaraní, ni tampoco qué le pudo haber sucedido al desaparecido “Cuñataí” de la canción. Fue así como se formó en mi imaginación de niña un mito sobre ese lago, los enamorados y, posteriormente, un enorme deseo de conocer el Paraguay. Desafortunadamente pasaron demasiados años para que mi aspiración se cumpliera.


Una noche tibia
Aterricé en Asunción arrullada por esa entrañable melodía con el corazón henchido de alegría y anticipación. Me esperaba Jorge Ortega, un amable y capaz guía turístico que además es gran amante de canciones en guaraní.
Me explicó que Paraguay tiene dos lenguas oficiales, el español y el guaraní y que el 90% de la población habla ambos idiomas. Me enteré que kuñataí no era el nombre del enamorado de la canción sino una palabra guaraní que significa “mujer joven” pero también puede ser “amada mía”.
Lo primero fue el recorrido de la ciudad pasando por el Jockey Club Paraguayo donde se hacen importantes presentaciones culturales y actúan grandes artistas de la talla de Lady Gaga. Por las ventanas del auto veía los muros y la fachada del impresionante y monumental Cementerio de la Recoleta. Soy capaz de pasar el día entero caminando por panteones o campos santos. Allí se aprecian las diferencias sociales en la variada calidad de las tumbas. Sin embargo, la inevitable mortalidad nos iguala a todos.
Del impresionante Jardín Botánico nos dirigimos al Granados Park Hotel para almorzar. Pedí un pescado paraguayo llamado surubí; simplemente delicioso. El servicio, absolutamente intachable.
Tras la deliciosa comida me registré en el Resort Yacht y Golf Club Paraguayo, situado un poco alejado de la ciudad. Al llegar la sensación es de paz y el cuerpo se relaja. Me impresionó la calidez y amabilidad con que me reciben. Descansé y antes del atardecer me paseé por su campo de golf y la piscina, desde donde se observa el río Paraguay.
Regresé a la ciudad a cenar en el excelente restaurante Mburicao. Tanto el menú como el ambiente son excelentes. Pruebo por primera vez “caña paraguaya”, una sabrosa bebida destilada parecida al ron en un exquisito cóctel llamado pykasu (paloma). De regreso al hotel, el aire tibio de la noche asunceña me adormeció suavemente.


Agua maravillosa
Muy tempranito me despertaron los truenos y relámpagos que acompañaban a una lluvia torrencial. Me encuentro con Jorge, el guía. Ricardo, nuestro conductor me pide la maleta, la protege de la lluvia y salimos rumbo a Ciudad del Este.
La lluvia caía como una densa cortina de agua y formaba pequeños ríos en las calles. Sin embargo, la pericia al volante de Ricardo nos lleva con tranquilidad hasta el Hotel Casino Acaray, muy cerca de la frontera con Brasil, al lado de la entrada paraguaya a las Cataratas de Iguazú. El hotel está lindísimo y su personal atento al menor detalle. Hambrienta, me dirigí al restaurante.
La lluvia se había calmado y pudimos realizar una visita guiada a la represa hidráulica de Itaipu. La represa es el resultado del extraordinario esfuerzo y acuerdo binacional entre Paraguay y Brasil. La palabra itaipu significa “piedra que suena”. He visitado el Canal de Panamá y me ha impresionado de igual manera.
Al día siguiente hicimos un recorrido de los centros comerciales que es la especialidad de esta dinámica ciudad. Productos de todo el mundo y marcas de lujo a precios razonables se dan cita en los comercios. Todo el mundo habla portugués y no sorprende al comprobar la cantidad de brasileños que llegan a jugar a los casinos y a comprar un sinfín de mercancía.
La tercera jornada comenzó con una visita a los Saltos del Río Monday y el Parque Municipal Aqua. Tras descender las escaleras, llegamos al mirador. Me quedé admirada ante la espectacular belleza. El abundante caudal rompe y cae por más de cuarenta metros produciendo gran estruendo. Asombrada observé algo que entra y sale de las cataratas. Al fijarme bien me di cuenta que eran pajaritos.
Parecen participar en un juego de “corre que te alcanzo” con el agua fumigada de la catarata. Desafían la fuerza del líquido con que júbilo que me contagian. Al dejar el parque me sorprendió muchísimo que no haya más visitantes aunque no lo lamento. Disfrutar de la bellísima catarata en silencio, rodeada solamente de frondosa vegetación y arboledas hace que este espectáculo natural sea aun más precioso.
Con hambre y prisa, comimos empanadas por el camino a las ruinas de las misiones jesuíticas.


Bajo el embrujo
El legado jesuita en Paraguay es extraordinario y las ruinas de sus misiones son un testimonio mudo de ello. Caminamos por la Reducción de Jesús de Tavarangüe mientras nuestra simpática guía explicaba cómo los jesuitas la fundaron en 1685 a orillas del río Monday. 
Seguidamente nos dirigimos a la Reducción de La Santísima Trinidad del Paraná, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1993 por la UNESCO. Nuestro guía posee un conocimiento enciclopédico sobre las Reducciones Jesuíticas.
Faltaban un par de horas para que cayese el sol y aprovechamos todo lo posible la luz. Cuando cayó la noche se iluminaron las ruinas y comenzó a sonar la música. Imágenes se proyectaron en la pared de su nave principal. Subimos las escaleras del campanario para ver la plaza iluminda. Se me erizó la piel. La vista era como si la Tierra se hubiese volcado y los luceros de pronto se encontraban a mis pies. Sentí con fuerza la magia de este lugar y el embrujo de esta hermosa noche.

Asunción y el río Paraguay
 Bella y dulce Asunción del Paraguay
Regresamos a Asunción al medio día y nos dirigimos al Palacio de Los López (Palacio Presidencial) y caminamos por sus jardines. Probé un exquisito trozo de pan de maíz con queso llamado “sopa paraguaya”.
Jorge me comenta que la gran transformación de Asunción es en Villa Morra el cual se ha convertido en el nuevo y dinámico centro de la ciudad. Partimos en seguida para conocerle. De inmediato aprecio que es un barrio exclusivo pero diverso en su arquitectura y mezcla residencial y comercial, hotelera y gastronómica. Desde el enorme Shopping Villa Morra, pasando por grandes y modernos hoteles como el Crowne Plaza y el Sheraton hasta lindísimos hoteles boutiques. Dos de ellos en especial me encantaron, el Villa Morra Suites con su colección de arte itinerante y su excelente bar.
La Misión Hotel Boutique hace un hincapié a las misiones jesuitas. Tiene una colección extraordinaria de artesanías paraguayas y de obras de madera tallada.
Cenamos en Lo de Osvaldo un restaurante dedicado a la parrilla paraguaya y el fútbol. Es mi última noche en Asunción y es preciso descansar.


El lago azul de Ypacaraí
Paraguay desborda hermosura y su patrimonio cultural, expresado a través de sus vestigios coloniales, herencia guaraní e influencia europea, es único e interesante. Me inspiró su arte barroco mestizo, su artesanía como los ñandutíes, la filigrana en plata y sus obras de barro. Me cautivó el melodioso sonido del harpa paraguaya y sobre todo sus románticas canciones en guaraní.

Me quedó mucho por visitar. Sus grandes ríos, cascadas, lagos, páramos, selvas, reservas naturales y sobre todo su gran Chaco, representativos de un país dotado por la naturaleza.

Me duele especialmente no haber llegado a conocer el lago de Ypacaraí que inspiró mi visita. Lamentablemente no me fue posible debido a un pequeño diluvio que coincidió con mi estancia. Sin embargo, la romántica que vive en mí prefiere pensar que esa fue la manera de incitarme a volver cuantas veces sea necesario al Paraguay hasta lograr el sueño de aquella niña que tanto imaginó caminar por la orilla de ese icónico lago azul. 
Fuente: http://hub.aa.com/es/nx/paraguay-derroche-de-naturaleza 

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