17 de junio de 2013

El aroma cítrico impregna la capital paraguaya

Asunción tiene un aroma distinto para cada época del año. Esta es la temporada en que las calles están impregnadas del jugoso y fresco aroma cítrico. Los frutos se pierden en las calles por la falta de aprovechamiento, pero se los utilizan muchísimo en la medicina popular contra la gripe. Por Pedro Gómez Silgueira (ABC color).
Apepu hái, naranjo hái, naranjo agrio, naranjo amargo. Todos estos nombres comunes se refieren al “Citrus aurantium L.”, de la familia Rutaceae que abundan en las veredas y calles de la ciudad por su especial altura para la arborización.
Una vez que los azahares se escondan hasta la próxima floración, aparecen los coloridos frutos globosos de color anaranjado cuando maduran.
 En estos días de clima inestable y poco amigable para los alérgicos, las hojas, flores, fruto y cáscara se utilizan como expectorantes, tranquilizantes, antiespasmódicos, digestivos y depurativos, en recetas que pasaron de generación a generación.
El zumo caliente con limón es especial para las dolencias respiratorias y cuadros gripales. De las hojas también se extrae la esencia de petitgrain y de las flores se extrae la esencia de “neroli”. En el tereré tan solo tres hojas son suficientes y está indicado para las personas nerviosas o con problemas estomacales.
Fue el intendente Bruno Guggiari (1929-1933) quien decía que las hojas del naranjo agrio purificaban el ambiente de la ciudad con su peculiar y dulzón aroma. Por eso, los plantó de tal manera a convertir a Asunción en “la ciudad de los azahares”.
La campaña de arborización con la especie ya comenzó en tiempos de la reconstrucción nacional tras la Guerra de la Triple Alianza y aunque haya pasado tanto tiempo, los planes se desarrollan esporádicamente, al menos para la Municipalidad de Asunción.
Últimamente, “A todo pulmón, Paraguay respira”, de Humberto Rubín, ha optado por incluir siempre el naranjo agrio entre sus especies de reforestación y arborización.
Se puede decir que el acervo arbóreo de Asunción desde la Colonia siempre generó preocupación. Antonio Ortiz Mayans, en sus “Evocaciones de Asunción” de 1915 a 1930, cita que “grande es la cantidad de árboles y arbustos que alzan sus copas en la ciudad”, entre ellos el naranjo agrio. Dice que en su mayoría se ven en las quintas y patios de las casas familiares pero ¿en las calles?: “Nuestra ciudad se convertiría en un jardín de extraordinario encanto”, vaticinaba.
Durante la Colonia las chacras y bosques de los alrededores de la capital tenían cítricos en abundancia. Pero a la par rondaba el “odio a los árboles” propio del paraguayo, que no duda en talar árboles cuando le place.
Fotos: Arcenio Acuña 

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