2 de junio de 2013

“Quiero ser profesional y volver a mi comunidad”

Joven indígena, lideresa y estudiante que vive en Cerro Poty. Aida Gómez Pereira, es del pueblo Avá Guaraní, oriunda de Agua´ê, Canindeyú. Tiene  20 años y está cursando el segundo año de profesorado en guaraní en el Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní.
“Estoy estudiando, quiero ser profesora de guaraní y todavía me falta, pero estoy haciendo lo posible e imposible para continuar. Son  4 años con licenciatura y yo voy al segundo;  fui becada, pero tengo que pagar mi pasaje y esas cosas”, dice en guaraní Aida, quien además es presidenta de la Comisión de Mujeres de Cerro Poty, una comunidad indígena urbana ubicada al pie del Cerro Lambaré.
Aida además es partícipe de un curso sobre tecnología que se desarrolla en el Centro Cooperativo Sueco, que mediante un proyecto busca posibilitar el acceso de las mujeres lideresas, campesinas e indígenas,  a las Tecnologías de Información y Comunicación (TICS).

“Yo tengo la idea de aprender a usar la computadora y usar internet para ayudar a mi comunidad;  muchas veces, para hacer una nota tenemos que pagar 30 o 40 mil guaraníes y con este curso y con estas herramientas, nosotros vamos a  tener la posibilidad de aprender y hacer nosotros”, dice Aida,
 quien recibió una mini computadora portátil como parte del programa del curso. Además, Aida cree que tal vez podría ayudar además a los artesanos de su comunidad para hacer conocer sus trabajos tal como se hace en otros lugares.
“Yo soy la primera mujer en la comunidad que tiene una computadora, pero no es para mí, es para mí organización y para mi comunidad. Pero también me va a servir mucho, porque en mi propia carrera a veces, hay que hacer trabajos o los profesores envían materiales por correo y yo dependo de la buena voluntad de mis compañeros para que me den una copia impresa”, relata, valorando el aparato y el aprendizaje.
Pero el objetivo de Aida es volver al campo. “Yo quiero volver a mi comunidad de origen. Allí está mi abuela y mis parientes. Quiero terminar mi curso de profesorado y me encantaría ejercer la docencia allá. Actualmente hay hasta el noveno grado, pero los profesores no son indígenas y algunas semanas vienen, y otras semanas no, porque no son de la comunidad. Si llueve, ya no tienen clase una semana”, sostiene.
Aida aprendió en la primera clase a cambiar el fondo de su monitor y puso la foto de su comunidad de Canindeyú. En la foto, se ve pura soja y un pequeño bosquecito donde está la comunidad.

Cerro Poty
El crecimiento de la agricultura extensiva de la soja tuvo su repercusión en las comunidades indígenas. Cerro Poty es una comunidad indígena que se formó hace unos pocos años como consecuencia de la migración indígena del campo a la capital. Allí conviven  indígenas de diferentes pueblos,  quienes terminaron afincándose en la comunidad por no poder volver a sus comunidades de origen por diversos motivos.
“Yo vine a los 6 años, mis padres  vinieron porque querían ir al hospital, después se dieron cuenta que si quedaban por acá, quizá íbamos a tener oportunidad de estudiar. La mayoría vino por diversos motivos, pero más que nada, porque aquí hay escuelas, hay centro de salud y tenemos más posibilidades de que nos vean con nuestros problemas, antes  que en el campo”, dice Aida, quien a su vez es madre de un niño de 4 años.
“En Cerro Poty estamos  47 familias, Avá Guaraní y Mbýa Guaraní, muchos se dedicaban a la artesanía hasta hace poco, sacando las maderas de las riberas del río para hacer sus artes que luego vendían en los semáforos, pero ahora, muchos se dedican al reciclado; con los carritos salen a buscar plásticos y cartones para reciclar”, cuenta.
Cuando los niños de la comunidad comenzaron a salir a pedir monedas en los semáforos para que las familias puedan comer, Aida reunió a las mujeres de la comunidad para conversar sobre esta problemática. “Naiporâi péa ro´e ojupe ha roñemongueta,  No es bueno esto nos dijimos y conversamos. Así nació la comisión de mujeres que se hizo llamar Jahupi Mbarete y después tuvimos la visita de las personas de la Secretaría de la niñez y la adolescencia, que nos ayudó a concretar un comedor”, cuenta Aida.
Jahupi Mbarete significa “levantemos fuerza”. En el campo, esta expresión a menudo se utiliza como sinónimo de comer, desayunar, cenar.
El comedor de Cerro Poty funciona hace 4 años y sirve de contención para que las familias indígenas de la comunidad no tengan que salir con sus hijos a pedir monedas en los semáforos.
La comunidad Cerro Poty está al pie del Cerro Lambaré. La referencia que deja Aida para los que quieran visitar la comunidad o el comedor es: “Hay que entrar en la calle de la Radio Primero de Marzo, hasta la Escuela República de Hungría y ahí ya es cerca”.

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