30 de enero de 2014

Pilares femeninos

En una de las obras más importantes del país, la del World Trade Center, trabajan tres jóvenes mujeres: Deysy Ortellado, asistente de obra; Luz Galeano, asistente de topografía, y Antonella Benítez, asistente de obra, quienes buscan abrirse en el mundo laboral a tan corta edad. Por José Riquelme, ABC Color
Poco a poco cobra forma el edificio del Worl Trade Center (WTC) sobre la avenida Aviadores del Chaco. Los albañiles trabajan sin cesar. Entre el maremágnum de obreros, nos encontramos con tres jóvenes mujeres en plena tarea. A la primera que conocemos es a Deysy Ortellado (18), quien se desempeña como asistente de obras en uno de los sectores. Minutos después, nos reunimos con Luz Galeano (19), asistente de topografía, y Antonella Benítez (18), también asistente de obra, pero en otra zona. Pausan por un momento la labor que estaban desarrollando para conversar sobre lo que les compete en tan importante construcción.
Luz es de Limpio, este año comienza la carrera de Ingeniería en Geodésica Ambiental en la Universidad Central del Paraguay y se encariñó con la topografía cuando estudiaba en el Instituto Técnico Militar. Desde entonces, decidió dedicar su vida a esa área de la construcción. Deysy, por su parte, reside en Luque, cursa el primer año de Arquitectura en la Universidad Columbia y expresa sentirse encantada con su futura profesión. Mientras tanto, Antonella, la más dicharachera de las tres, estudia Ingeniería Civil en la UPAP y vive en Ypané. Las actividades de las mujeres comienzan a las 07:00, con la sirena que anuncia el inicio de otra jornada laboral. A propios y a extraños sorprenden, comentan las chicas, porque son parte del personal de una obra caratulada “para hombres”.
¿Desde cuándo sienten la vocación por el arte de las construcciones? Antonella (A). Yo había trabajado en otras obras; desde los 16 años estoy en esto. Mi papá, que es uno de los contratistas, me trajo acá en junio para que sea su asistente. Y como él solo viene a veces a ver la obra, me quedo a controlar que todo marche bien: anoto la ausencia de los personales y también me encargo de la parte administrativa de mi sección.
Luz (L). Comencé con la empresa haciendo mi pasantía después de terminar el colegio.  Ahora colaboro en la parte de topografía, desde setiembre del año pasado. En el colegio –Instituto Geográfico Militar, ahora Colegio Técnico en Ciencias Geográficas–terminé el bachillerato de técnico en obras. Este año comienzo a estudiar la carrera de Ingeniería en Geodésica Ambiental, en la Universidad Central del Paraguay.
Deysy (D). Yo también empecé haciendo la pasantía de colegio en una empresa de construcción. Exploraba cada profesión para saber en cuál me sentiría más cómoda. Todos los caminos me llevaban a Arquitectura. Bueno, entonces, me decidí por ella. Antes estaba en una empresa constructora; trabajé allí por un tiempo. Luego de terminar el colegio, vine acá enseguida, y me dejaron a cargo de la parte administrativa y de la construcción.
¿Siempre quisieron trabajar en esto? A. Yo estoy acostumbrada porque desde hace rato que le ayudo a mi papá en las obras que trabajó. Siempre me interesó la construcción. Ahora estoy en el segundo año de la carrera de Ingeniería y me gusta mucho. Disfruto haciendo este trabajo. Acá hablo con todo el personal y, por sobre, todo, respeto la tarea del albañil, porque en sus manos está el éxito de toda obra. Me llevo bien con todos. Si surge algún inconveniente, lo hablamos. L. Mis padres no tuvieron problemas cuando me decidí por ingeniería, pero al enterarse que iba a trabajar en una obra les incomodó un poco; al final aceptaron y ahora está todo tranquilo. Les sorprendió que iba a estar en un trabajo de hombres y rodeada de ellos. Pero acá estamos unas cuantas chicas. D. A mí me empezó a gustar la Arquitectura en el colegio. Aclaro que mis padres no tienen relación con algún oficio vinculado a la construcción. Cuando comencé la pasantía ya lo tenía claro: lo mío es esto, me dije. Mis padres me hablaron mucho, me dijeron que me cuide. Es que, como dijo Luz, acá estamos rodeadas de hombres y el trabajo es pesado, pero nosotras hacemos lo que nos gusta y nos enfocamos solo a eso.
¿Cómo suelen reaccionar las personas cuando las ven trabajando? L. Siempre se sorprenden (se ríe). D. Se nos quedan mirando por un rato...
L. Como diciendo: “mba'épiko ko'âva ojapo ko'ape?” (¿qué hacen ellas acá?) A. Siempre se dijo que esto es un trabajo de hombres. Los muchachos también suelen preguntarse qué hacemos acá.
¿Cómo es el trabajo en la obra? A. Voy viendo, plano en mano, qué es lo que hace el personal a mi cargo. Si están a buen ritmo, si están usando el ladrillo adecuado, etc. La rapidez y la calidad son muy importantes. Si un obrero tarda mucho en terminar un trabajo, es contraproducente. Todo se mide por producción. Si no se avanza, no hay plata. L. Yo soy asistente de topografía. Básicamente, el trabajo consiste en calcular el nivel y la alineación de las columnas. El topógrafo me dice dónde tengo que marcar para erigir, por ejemplo, un pilar. D. Mi trabajo es similar al de Antonella. Estoy encargada de la producción y, como ella dijo, acá lo importante es trabajar y producir. A. Hay que ser claro siempre. Si no se produce, no hay plata. Es sencillo. Los trabajadores, por lo general, me escuchan; cuando no lo hacen, levanto un poco la voz. Si hay un inconveniente, hablamos bien con la persona y le preguntamos cuál es el problema: el ayudante, los materiales o él. Si no se mejora, se lo cambia. No hay vueltas en eso. D. Si no está funcionando en cierto lugar, le mudás a otro. Si de todas formas no hay resultados, ya se reemplaza al obrero.
¿Todas cumplen un mismo horario? L. Antonella y yo salimos a las 17:00, pero Deysy se queda un poco más.
¿Por qué? A. Porque la preparación del hormigón es prioridad. D. Sí. Se suele trabajar hasta más tarde en esta área. Cuando hay cargamentos, me quedo hasta entrada la noche. Lleva mucho tiempo y es muy pesado. Me quedo a controlar para que todo resulte bien. Hace poco nos quedamos hasta la medianoche. En ese caso, mis padres me vienen a buscar.
Respecto a recibir órdenes de mujeres, ¿cómo lo toman los obreros? A. Eso suele ser lo peor para los hombres, porque dicen “mba'e pio kuña outa he'i chéve mba'épa ajapo va'erâ!” (¡una mujer no me va a decir lo que debo hacer!). Eso es lo más fácil y rápido que dicen. Entonces, yo respondo que siempre hay una primera vez y que hay que adaptarse a los tiempos.
D. Siempre existen personas y grupos que aceptan todo, que no le importa que la superior sea una mujer. En cambio, otros no aceptan, son cerrados. Pero hablando bien se entiende la gente.
¿Algún aspecto positivo y negativo que resalten de su trabajo? A. Las discusiones con los empleados estarían dentro de los aspectos difíciles del trabajo, pero no creo que sea algo negativo, porque siempre se soluciona conversando. Esa es la clave: dialogar. Entre lo positivo rescato el aprendizaje.
L. Me sumo a lo que dice Antonella. Discusiones nunca faltan, pero siempre se resuelven las diferencias y seguimos trabajando. Yo también resalto el aprendizaje. D. Estudiar y trabajar es todo un desafío para un joven; eso lo sabemos. Lo positivo es aprender en el campo de trabajo, así, de primera mano.
¿Y cómo manejan los piropos? (Todas se ríen). A. No los voy a olvidar. Y me dijeron una cantidad. L. Cierto, cada piropo que lanzan. D. Sí, algunos son muy fuertes. A. Pasás cerca de ellos y te dicen de todo. Yo escucho y me río. A veces respondo, pero en buena onda. D. Algunos son muy crudos. En cualquiera de los casos, no doy campo. No me gusta. Desde el principio dejé en claro esa posición. L. Cuando me dicen algo, no hago caso. Tengo vergüenza (se ríe).
Las jóvenes obreras exhortan a las personas a luchar por sus sueños y a no desalentarse ante las adversidades. “Hay que confiar en uno mismo”, resalta Deysy.
Comprometidas
El ingeniero residente en la obra, Germán Fretes, cuenta que en un principio hubo cierto recelo en la contratación de las chicas, pero que, poco a poco, al ver la capacidad y el buen desenvolvimiento de las jóvenes, tomaron confianza y se mostraron contentos con ellas. “Es una brecha que se rompe en la cuestión de género. Las mujeres cada día van ganando más campo. En este caso particular, las muchachas cumplen funciones que antes solo hombres las hacían; inclusive, ellas lo hacen mucho mejor. Se nota el compromiso que tomaron con el trabajo”, destaca.
Texto jose.riquelme@abc.com.py

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