6 de abril de 2014

Un museo del presente

El Museo Arqueológico y Etnográfico Guido Boggiani es mucho más que eso; es, principalmente, un espacio donde se desarrolla un programa de apoyo, promoción y venta de la artesanía indígena de más de 40 comunidades nativas, desde 1989 hasta la fecha. 
En su mayoría, los museos tienen como fin mostrar sus objetos y conectarnos, de alguna manera, con el pasado. Sin embargo, hay otros enfocados no solo en la investigación antropológica, arqueológica y cultural, sino que además se involucran activamente con sus expositores, para que lo exhibido no sean únicamente objetos para admirar, sino que cobren vida y trasciendan más allá de un espacio cerrado. Y es el caso del Museo Arqueológico y Etnográfico Guido Boggiani, creado en 1989, que desarrolla un programa de apoyo, promoción y venta de artesanía de los pueblos indígenas del Paraguay.
“El objetivo principal de este museo fue siempre la investigación científica, antropológica y arqueológica para poder dimensionar y aprender sobre las diferentes familias lingüísticas en Paraguay”, refiere el Lic. Enrique Navarro, voluntario del museo.

Cuenta que el local fue completamente renovado, gracias a la donación de fondos para la preservación del patrimonio cultural por medio de la Usaid, dependiente de la Embajada de los Estados Unidos. Por ejemplo, actualmente, cuenta con paneles explicativos acerca de las diferentes familias lingüísticas, los cuales le confieren un carácter más didáctico y educativo para los alumnos de colegios y universidades que concurren al museo para aprender sobre las diferentes culturas de nuestro país y dimensionar la importancia de nuestros ancestros”.
Afirma que es la única institución que desarrolló estas investigaciones científicas sin ningún apoyo gubernamental. “Está sustentada gracias a personas de buena voluntad, intelectuales y sensibles ante los pueblos originarios”.
El consejo directivo del museo está conformado por Teresa Napout, Gisela von Thümen, Miriam Sienra, además de la coordinación ejecutiva de Jorge Vera, quien también, actualmente, ejerce la dirección de la institución.
Los creadores del museo fueron el arquitecto Jorge Vera, quien cuenta con varias publicaciones arqueológicas y antropológicas, junto con el periodista, historiador, arqueólogo y antropólogo José Antonio Perasso. “Ambos se unieron para investigar las diferentes familias lingüísticas y, a su vez, colaborar con el desarrollo de estos pueblos. Por ejemplo, el museo desarrolla un programa social denominado “Artesanía a precio justo”.
Lo resaltante de este museo es que se pueden apreciar piezas recolectadas con fines investigativos y otras proveídas por las comunidades aborígenes para la venta. “Ellos tasan el precio y el museo les devuelve el dinero íntegramente. Aquí no existe una finalidad lucrativa”.
Los objetos para la venta están exentos de impuestos, y los indígenas utilizan esos recursos para la adquisición de medicina y útiles escolares para las escuelas nativas. Actualmente, existen programas de educación desde el punto de vista indígena para reinsertarlos en la cultura occidental. “Según la Constitución Nacional, somos un país soberano, multiétnico y pluricultural. Pero a estas comunidades indígenas, hasta hoy, el paraguayo no les da la importancia debida para poder evolucionar como un grupo humano. Nuestros ancestros, por ley, tienen derecho sobre sus tierras, pero en la realidad eso no se cumple. El indígena no es un indigente o mendigo; está en la calle no porque no quiera trabajar. El problema principal es que el ciudadano paraguayo no lo trata como igual, que es lo que por ley le corresponde, porque también forma parte de nuestra ciudadanía”.
Ahora bien, la pregunta es ¿por qué necesitan tierras? “El paraguayo occidental, según nuestra Carta Marga, tiene derecho a la vivienda, salud, educación, vestido, pero ellos siguen siendo excluidos. Hasta hoy no he escuchado que exista un centro de salud para ellos”, indica.
En palabras de Navarro, un indígena muere en la calle porque no cuenta con asistencia médica. “Asimismo, debido a la ambición perversa de nuestros políticos, son despojados de las tierras legalmente constituidas, con lo cual causa no solo un gran deterioro cultural, sino también ecológico, porque están destruyendo todos nuestros ecosistemas que los indígenas supieron mantener por miles de años, pero el paraguayo, desde la época de la colonia hasta hoy, está destruyendo absolutamente todos nuestros recursos naturales. Nuestros ancestros tuvieron una mayor comprensión y sabiduría para mantener nuestro ecosistema”.
A partir de la creación del museo, en 1989, y gracias a la sensibilidad y labor de Jorge Vera y José Perasso, quienes comenzaron a convivir con estos diferentes grupos humanos, como los ishir, paî tavyterâ, ayoreos, entre otros, pudieron recolectar esas piezas que hoy están expuestas en las vitrinas.
El museo como trabajo antropológico, se involucra con las comunidades indígenas y, con todo respeto, ofrece una ayuda de difusión al trabajo de los que estén interesados. “De ahí se origina el concepto de recolección de las piezas y, a su vez, las investigaciones culturales, históricas, antropológicas, ecológicas de todas las piezas que están en el museo, que está todo fundamentado e inclusive hay varias investigaciones publicadas y por publicar”.
La institución, esencialmente, es un espacio del indígena, contempla la participación democrática de estas comunidades, dado que ellos son los protagonistas de esta acción y toman todas las decisiones en cuanto al montaje de las piezas y las actividades del museo.
Otra peculiaridad de este museo es que cuenta con instalaciones para albergar a los indígenas que por algún motivo deben venir a la capital. “Se les provee de alojamiento y comida gratuitos, porque el concepto de este museo es que este es un espacio para ellos y toda información que se transmite, con el más absoluto respeto, es a partir del permiso de ellos”.
El acceso al museo es libre y gratuito, y está abierto de lunes a sábados de 9 de la mañana hasta las 6 de la tarde, todo el año y también, como parte de su proyecto social, se hace una feria de artesanía de acuerdo al planeamiento que hacen los propios indígenas. “Normalmente se realiza tres veces al año y vienen todos los artesanos y directamente realizan su venta. Nosotros lo hacemos conforme a un inventario, en el cual se detalla cada objeto con su precio y el nombre del artesano”.
Refiere que cada comunidad indígena desarrolla su cultura a partir de su ecosistema, de su territorio y de lo que la naturaleza le da. “Toda la artesanía que se aprecia en el museo simboliza su medio de vida y refleja su conocimiento ancestral de la naturaleza. Por ello, en el caso de los ayoreos, exhiben arte plumario, porque su zona se destaca por la proliferación de aves, fuente de su artesanía; están los paĩ tavyterã, que utilizan la madera para su talla, que representan elementos de la naturaleza, como animales, con la cual ellos cohabitan diariamente, conocen ancestralmente y gracias a su memoria colectiva los tallan de forma innata y se refleja perfectamente en su artesanía. Por eso es importante que puedan quedarse en sus tierras, para poder mantener su cultura”.
Navarro afirma que al sacarles el Indert de su hábitat, los llevan a otros lugares; eso significa matar una cultura, porque esta no se puede rehacer o reinventar. “Es destruir automáticamente una nación y desvirtuar su mundo. En Paraguay existen cinco familias lingüísticas que representan cinco naciones, manifestaciones culturales e idiomas diferentes, excluyendo el español”.
Nuestro país culturalmente es tan rico que coexisten al mismo tiempo seis naciones diferentes. “La triste realidad es que, como paraguayos, aún estamos en un proceso evolutivo en el cual no dimensionamos ni respetamos a nuestros pueblos originarios, lo cual, a su vez, causa nuestra involución”. Navarro enfatiza que para poder ver nuestro horizonte y futuro, tenemos que saber de dónde vinimos y quiénes somos. A partir de la investigación científico-antropológica de dónde venimos y quiénes somos, Paraguay evolucionará aún más. “Cuando se sabe quién es, uno puede determinar adónde va. Todavía estamos en un proceso de identificarnos como paraguayos”, concluye.
Sepa más
Museo Arqueológico y Etnográfico Guido Boggiani
Cnel. Bogado n.° 888 casi Saturio Ríos, San Lorenzo.
Fuente: ABC Revista

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