16 de julio de 2014

Medalla de oro para Paraguay en Olimpiada Internacional de Proyectos Sustentables

A la Olimpiada Internacional de Proyectos Sustentables para el Mundo (I-SWEEEP en inglés) se presentaron 3.000 proyectos de 68 países. ¿Quién ganó? Una idea paraguaya se llevó la medalla de oro en la categoría Ingeniería Sustentable. Son dos jóvenes mentes las responsables del logro que incluye, por ejemplo vencer a la cuna de los planes brillantes, China.
Él tiene como hobby la programación y todo lo relacionado a sistemas y robótica.
A ella le gusta la oratoria, además todo lo que implique números y exija un desarrollo extra de su capacidad intelectual. Pero aclara que “no vive estudiando” y que le gustan los deportes, sobre todo el basquet.
Ambos se encuentran cursando el 3er año en el colegio San Ignacio de Loyola y coinciden en que estudiarán Ingeniería. Se trata de María Paula Oviedo y Alvaro Martínez, los jóvenes responsables de traer el oro al Paraguay con su proyecto llamado SISS, un Sistema integral de sensores para promover y optimizar la producción hortícola orgánica.

Una conferencia de prensa llena de emociones inició con unas palabras de los orgullosos directivos y profesores encargados del proyecto, y siguió con las de Paula y Alvaro acerca del SISS.
El SISS permite regular el paso de la luz solar y según la necesidad, activar paneles de media sombra para proteger los cultivos de las altas temperaturas, así como iniciar un regadío automático de plantaciones, según el nivel de humedad presente en la tierra. El proyecto que nació en abril del 2013, ya les valió anteriormente el premio en la Feria Nacional de proyectos científicos.
“Ellos fueron mis alumnos en primaria”
“¿Te acordás que de chico ya le gustaba esto?”, conversaban dos profesoras.

El ambiente era de fotos y fotos, más aplausos a los sobresalientes alumnos. En medio de este clima un profesor explicó que el desafío planteado fue el de solucionar la sequía de cultivos causada por las altas temperaturas y la excesiva utilización del agua en la manutención de los mismos. Paula agrega, “los proyectos anuales del colegio siempre buscan solucionar una problemática social”.

Además del sistema de programación para cada sensor, el SISS está pensado para armarlo tanto con materiales económicos como de mayor precio. “380 dólares es el costo aproximado, está pensado para los pequeños agricultores del país, es una buena inversión puesto que, además de tiempo y personal, ahorrarían agua en sus cultivos”, explica Paula respondiendo a la consulta acerca de la viabilidad del sistema.

Terminada la conferencia, siguieron entrevistas con los canales locales de televisión y otros medios. Las madres de los alumnos captaban cada momento de este importante reconocimiento. “Se prepararon mucho tiempo para esto, casi no tuvieron vacaciones. Él iba con la idea de ‘al menos traer una mención de honor’“, relata la mamá de Alvaro.

Más relajados y sin tantos flashes, pudieron contar más luego.

Acerca del sistema

Empezaron en abril del año pasado y lo terminaron, uniendo todo en un sistema integral, en septiembre para la Feria Nacional, luego lo perfeccionaron. “Hicimos trabajo extra, sumamos el valor de impacto social y lo tradujimos al inglés como requería el concurso“, comenta Alvaro.

La programación fue la parte más difícil del proyecto debido a la precisión que ésta requería. “Todo proceso de programación te empieza fallando”, afirma el alumno y su compañera agrega: “Llegar a los jurados y convencerlos en inglés fue también un reto; ya que estaba integrado por PHDs, doctores y profesores de grandes universidades”, recuerda Paula quien aprovechó para charlar luego con los jueces para seguir aprendiendo.

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Varios días de probar y volver a probar llevaron a los alumnos al oro.
Experiencia en Texas

“Todos teníamos la oportunidad pero faltaba alguien que realmente se interese y se proponga hacer esto. Y esos fuimos nosotros”, declara la futura ingeniera.

Lo lógico de un concurso mundial como éste sería ponerse nervioso, pero no; Alvaro y Paula contaron que para nada fue esa su sensación. “Es un proyecto con el que venimos trabajando hace mucho, lo conocíamos muy bien y sabíamos como defenderlo”, detalla Alvaro y ella agrega, admirando la buena enseñanza de inglés del colegio, “además a la hora de defender no sentimos ninguna limitación en el idioma”.

Coincidieron en varios puntos de la entrevista, quizás por eso son compañeros de equipo; para ambos lo mejor del viaje fue la experiencia de intercambio cultural. Paula recuerda como si siguiera ahí “disfrutar de desayunos con personas de todo el mundo, tratar temas diferentes; todos los puntos de vista eran distintos, las creencias, la forma de vestir…”, Alvaro interrumpe solo para resaltar la cantidad de amigos de otros países que se hicieron.

“Al ganar el premio, como fuimos los únicos ganadores de América Latina, se acercó la representante brasileña y nos felicitó por dejar el nombre del continente en alto”, cuenta Paula como experiencia que la sorprendió.

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“Rivales”

El oriente es reconocido por sus grandes empresas de tecnología y ciencia, eso lo representó en estas Olimpiadas presentando a grandes oponentes. “China presentó como 30 proyectos y nosotros solo llevamos dos y ganamos”, dice Alvaro feliz con semejante diferencia.

“Por todos lados veíamos asiáticos“, recuerda Paula y su compañero añade “incluso los representantes de Estados Unidos eran orientales en su mayoría o hindúes”, resalta logrando carcajadas.

“Al ganar el premio, como fuimos los únicos de América Latina, se acercó la representante brasileña y nos felicitó por dejar el nombre del continente en alto”
— M. PAULA OVIEDO

Paula cuenta que “el nivel era altísimo, un país presentó un proyecto totalmente informático que para nosotros era un ‘niño prodigio’, todo un sistema de defensa contra infiltraciones”. Alvaro agrega sorprendido, “era investigación de la CIA por ahí”. El momento de más nervios fue cuando escucharon que ese ‘súper’ proyecto se llevaba la medalla de plata. “No sabíamos que pensar, si era bueno o malo”, dice Paula explicando que si ellos ganaron plata solo les quedaba no ganar nada o llevar el oro, que fue lo que felizmente ocurrió.

Paula y Alvaro ganaron una beca para estudiar en Estados Unidos pero el mejor premio fue el que trajeron ellos con semejante reconocimiento internacional.

Pensando en el futuro y hasta en hijos, Alvaro valoró el enriquecimiento cultural vivido en Houston. “A mí me encantaría darles la experiencia de un viaje de intercambio, este corto tiempo que estuvimos allá valoré mucho eso”.

María Paula en tanto aprendió con esta medalla de oro que “uno realmente cuando quiere, puede. Depende de uno mismo superar las metas”, este es el mensaje que tiene para quienes la sigan y además “la ciencia no es esa ciencia aburrida que todos creen”.


Fuente: Ejempla.com

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