10 de agosto de 2014

Esquinas de Asunción

“Yo no sé si aún estará/ esa esquina de mi barrio/ donde antaño yo aguardara/ a la dueña de mi amor…”, expresa una de las más bellas poesías dedicadas a la capital paraguaya. Y son también las esquinas el motivo de una muestra-homenaje a la ciudad, en su 477 aniversario de fundación. Por Luis Verón ABC color.
Varias etapas conoció la ciudad de Asunción a lo largo de su proceso existencial desde aquella jornada de agosto de 1537, en que unos barbudos de piel blanca, pero cobriza por meses de ardua navegación –marina, luego fluvial–, llegaron en unos desmesurados “yga” hasta un recodo del río de hermosa vista, y donde decidieron establecer un punto poblacional aprovechando la presencia de aborígenes, cuya presencia en el sitio era señal de su bondad como lugar de poblamiento. Desde entonces, lentamente primero y por varios siglos, y veloz y casi desenfrenadamente en los últimos años fue creciendo hasta convertirse en un cúmulo de edificios, tráfico vehicular y montones de problemas sin resolver que es la característica más resaltante de la Asunción de hogaño.

Primero fueron las casas de estaqueo, barro y paja, luego las edificaciones de material cocido y tejas españolas –que primeramente convivían con las primeras, para luego ir ocupando lugares preferenciales–, con sus amplias galerías que luego, en los últimos 150 años, fueron cediendo a las fachadas tapas, florones, balcones y balaustradas, para finalmente rendirse al frío encanto del cemento, el hierro y los cristales.
Ese ámbito, de una decena de cuadras a la redonda y esa población estimada allá por principios del siglo XX en 100.000 habitantes que nadie nunca contó, fue rompiendo sus propios límites, extendiéndose como una enorme ameba a lo largo de la que, hoy, fácilmente abarca una extensión cercana a la cincuentena de kilómetros, deglutiendo a su paso a otras poblaciones vecinas que hoy, sin solución de continuidad, integran ese territorio densamente poblado al que se dio en llamar la “gran Asunción”.
Pero es ese ámbito reducido, original de la ciudad –y algunos rincones de sus antiguos suburbios–, el tema que tomó Mario Franco Nunes para perpetuar en imágenes la poesía encerrada en esos ángulos que forman la delimitación de las manzanas de la ciudad. Muchas de esas esquinas guardan la magia cargada de años en sus molduras, en sus ménsulas o mascarones. Otras están mutiladas por algún malhadado prurito modernizador de décadas atrás. Otras, sencillamente, fueron degradadas de tal manera que hoy no se puede visualizar o ni siquiera imaginar la belleza o encanto que le fueron arrebatados y otras, sencilla y llanamente, reemplazadas por frías expresiones de mal entendida modernidad. Aun así, marcar hitos en la geografía ciudadana y son puntos de referencia para el peatón que, con ojo avizor puede hallar algún resquicio de belleza o, por lo menos, personalidad de un carácter escondido de un tiempo mejor.
Esas esquinas fueron rescatadas por Mario Franco Nunes a lo largo de los años y las expone -desde mañana a las 19:00 en el Shopping del Sol- a los ciudadanos asuncenos como un homenaje a esta ciudad que se va acercando cada vez más a su quinto centenario.
Identikit
Mario Franco Nunes, periodista, fotógrafo y docente. Nació en Asunción el 31 de agosto de 1954. De dilatada trayectoria profesional, estudió Medios Modernos de Comunicación en la Universidad Católica de Asunción, fotografía en el Centro de Educación Kodak, en São Paulo, Brasil, y realizó numerosos talleres de guión cinematográfico. Trabajó en varios medios de comunicación –revistas y periódicos– y fue el responsable del proyecto y ejecución de los tranvías publicitarios. Realizó numerosas muestras de su obra fotográfica en Asunción y ciudades del interior, así como en capitales norteamericanas y europeas. Es catedrático universitario y director del Instituto Técnico Superior de la Imagen, de formación profesional de fotógrafos y recibió importantes premios y distinciones.
surucua@abc.com.py 
Fuente: ABC Revista

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