21 de septiembre de 2014

Una flor para la nación

Juntamente con los lapachos, santarritas y otras, la flor del jazmín azucena, desde semanas atrás, venía anunciando la llegada de la estación joven: la primavera, inundando los jardines con su aroma y sus colores blanco, celeste y violeta. Por Luis Verón, ABC Color.
Un festivo estallido de flores celeste, blanco y violeta se deja ver en muchos jardines de nuestro país: son las del manaka o jazmín azucena del Paraguay. Es el manaka o jazmín azucena, parte integrante del ramo de flores que doña Juana María de Lara, supuestamente, entregó a los próceres de mayo y cuyos colores habrían inspirado la bandera paraguaya.
Bueno… un mito, pues el jazmín azucena florece entre finales de agosto y principios de septiembre. Muy poético, pero… aun así, para muchos, no tiene ninguna importancia. Para unos pocos, sí. Como una sociedad medularmente mitómana, en muchas ocasiones inventamos historias y nos las creemos nosotros mismos. Por medio de esas historias damos importancia a cosas y hechos sin ellas, y menoscabamos otras que sí lo son.
Eso podemos decir acerca del manaka y su consideración por nuestro pueblo. Por alguna razón, alguien dio el carácter de flor nacional al mburukuja. De algún lado habrá salido la versión y muchos se la creen a pies juntillas e, inclusive, los libros de texto de la instrucción pública lo repiten como loros.

En contrapartida, nosotros, una vez más y aprovechando su floración en estos días primaverales, trataremos de desmentir dicha versión e insistir en que debiera conocerse la que sí, por medio de las conclusiones de un grupo de científicos, se definió como la flor nacional del Paraguay. Claro que, para instalar definitivamente, haría falta una normativa legal, cosa que tal vez no tarde mucho, pues en las gavetas del Congreso nacional espera dormido un proyecto de ley presentado por la Facultad de Química de la Universidad Nacional de Asunción.
El 9 de noviembre de 1936, para responder al pedido formulado por el director de Parques y Jardines de la ciudad argentina de La Plata, en el sentido de proveer la flor más característica del país, para representar al Paraguay en el Jardín de la Paz, que se estaba construyendo en dicha ciudad y que debía ser inaugurada el 19 de noviembre de ese año, aniversario de la ciudad de La Plata.
Para decidir sobre el punto, se convocó a una reunión especial en el local del Ateneo Paraguayo a personalidades notables, exponentes del arte, la ciencia y cultura residentes en Asunción. Asistieron a dicha reunión el ministro de Agricultura, Prof. Guillermo Tell Bertoni; el director de Publicaciones y Certámenes, don Leopoldo Ramos Jiménez; el etnógrafo general Belaieff; el presidente del Ateneo Paraguayo, don Eliseo Sisa; el director del Jardín Botánico, Ing. Juan B. Jiménez; el botánico paraguayo don Teodoro Rojas; el jefe de exposiciones y museos, Sr. Luis A. Lohner; el poeta de la ciudad, don Francisco Ortiz Méndez; los pintores Holden Jara, Jaime Bestard y Pablo Alborno; el naturalista Sr. Robustiano Vera; el escritor Narciso R. Colmán (Rosicrán), el poeta y catedrático Jorge Báez, el folclorista Félix Fernández, los profesionales Pedro M. Rodríguez y Élida Ugarriza de Gaona. Aquella reunión estuvo presidida por el ministro de Agricultura.
Las propuestas
La doctora Élida Ugarriza de Gaona votó por la flor del cocotero (mbokaja) como la planta aborigen más representativa del país, a la que se adhirieron los pintores Holden Jara y Bestard, pero esta propuesta fue rebatida por el botánico Teodoro Rojas, quien argumentó que el mbokaja (Acrocomia totai) tuvo su especificación de totai del Oriente boliviano (área de dispersión), no pudiendo ser considerada planta genuinamente autóctona. Por su parte, el farmacéutico Pedro Rodríguez votó por la flor de reseda, diciendo que es la flor usual de nuestro pueblo y que desde antiguo las mujeres añadían a una peineta como ornato capilar. El poeta y músico Félix Fernández votó por la pasionaria (mburukuja) y el niño azoté (mitami tukumbo).
El pintor Pablo Alborno votó por la flor del lapacho, argumentando que “el paraguayo tiene su arrogancia y esbeltez como el tajy, sus músculos como el urunde’y y su cuerpo nervioso y acerado como el yvapovo que no desgaja tempestades ni derrumba huracanes, símbolo de la raza guaraní”.
El voto decisorio
Una sesuda exposición del naturalista Robustiano Vera, argumentando que “hay una flor excelsa del autóctono jardín paraguayo. Los discípulos de Linneo la llaman Brunfelsia hopeana Benth (Franciscea uniflora Pohl.), los botánicos guaraníes le dan el nombre de manaka y los franceses el de mercurio vegetal (por su inmensa fama contra el ‘mal gálico’ o sífilis)”.
Siempre, según la argumentación de don Robustiano Vera, “lo que en el Paraguay llaman azucena del bosque ‘dice Azara’ es un árbol común de talla mediana, muy verde y copudo, se cubre totalmente de flores, que aunque de cuatro pétalos, hacen de ella bella vista largo tiempo por su muchedumbre y hermoso color morado, el cual degenera en blanco con el sol y los días”. En el alegato de don Robustiano Vera se refiere a otras argumentaciones históricas a favor del manaka, como la del doctor Domingo Parodi, quien escribió: “Dásele el nombre de jazmín del Paraguay, a un arbusto frondoso que da una flor morada muy fragante. Empieza a engalanarse de flores en invierno y la primavera lo sorprende cubierto de ellas, cuyo primitivo color va sucesivamente cambiando por el de lila y la azucena, el último de los cuales indica ya su próximo desfallecimiento”. “La flor tradicional, decía Vera, es el lapacho, la flor popular es el naranjo, la flor legendaria es el ceibo, pero la flor por excelencia que además, lleva el apelativo de nacional y puede ser consagrada flor paraguaya creo es la azucena manaka y emito mi voto por esta, que es el ‘jazmín del Paraguay’”, concluyó el naturalista.
La propuesta de don Robustiano Vera contó con la adhesión del entonces director del Jardín Botánico, Ing. Juan B. Jiménez. Se sumaron a ella el botánico Teodoro Rojas, el señor Luis Lohner, Francisco Ortiz Méndez, Jorge Báez y Narciso R. Colmán.
De esa manera, la Brunfelsia manaka o jazmín azucena del Paraguay fue consagrada la flor nacional y el Tecoma lapacho fue votado subsidiariamente como flor arbórea, teniendo en cuenta que el jazmín azucena es una flor arbustiva de jardín. Las dos plantas elegidas fueron enviadas en número de seis ejemplares a la Dirección de Paseos y Jardines de la Municipalidad de La Plata para formar parte del “Jardín de la Paz” de dicha ciudad.
Para zanjar definitivamente la cuestión y no dar lugar a consuetudinarias confusiones, ojalá que, de una buena vez, nuestros parlamentarios sancionen una ley al respecto.
 surucua@abc.com.py 

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