2 de noviembre de 2014

Recordando al acróbata del aire

El 17 de noviembre de 1914, el primer piloto paraguayo, Silvio Pettirossi, sobrevolaba los alrededores del Cabildo, asombrando a miles de paraguayos. A 100 años de aquel memorable suceso, un grupo de aficionados construyó la réplica del avión y realizará el primer vuelo histórico el lunes 17 de este mes y un festival aéreo, el domingo 23. Por Nancy Duré Cáceres, ABC Color.
El Proyecto Pettirossi nació entre los socios del Club de Vuelo Deportivo Yvytú como una forma de despertar en los paraguayos y amantes de la aviación el interés genuino hacia nuestras raíces y, más específicamente, por las aeronáuticas. Así lo expresa el coordinador del proyecto, el señor Juan Carlos Parini.
Parini dice que construir una réplica del avión de Silvio Pettirossi, el Deperdussin, es un sueño hecho realidad y volarlo, otro más. El plan fue presentado formalmente en la reunión de la comisión directiva del Club de Vuelo Deportivo Yvytú el 5 de setiembre de 2007 y presentado al público en 2008. “Desde este año venimos desarrollando la idea, investigando y contactando con personas que nos ayudaron a poner en marcha y, finalmente, concretar este objetivo”, expresa Parini.
La aventura comenzó cuando “detectaron” vía internet que una réplica del Deperdussin D4 estaba en vuelo en Francia. Desplegaron toda su artillería en la búsqueda de contactos y amigos.
“Se dio la casualidad de que un socio nuestro, José Luis Ayala, viajaba a Francia. Fue una excelente ocasión para traer información. José Luis se reunió con Didier Roult, otro amigo del club, y juntos visitaron a Gilles Alexandre, el constructor del Deperdussin D4 con motor Lycoming. Ese viaje de José Luis nos trajo un cúmulo de información, entre las cuales se debe mencionar las fotos del Deperdussin, del Musée de l’Air et de l’Espace; información del motor Gnome y, sobre todo, las fotos con detalles constructivos del Deperdussin de Gilles”, relata Parini.
El motor, un Gnome rotativo de 7 cilindros (se estima con 60 CV), fabricado por Louis Seguin en la Societé des Moteurs Gnome, tenía la particularidad de que los cilindros rotaban y la hélice estaba unida a los mismos. La mezcla entraba por el cárter y subía a la cámara de explosión por el centro de los pistones. La ventaja de ese motor residía en que, al no necesitar volante de inercia, el peso era reducido; todo un mérito para la época. Además, los cilindros se refrigeraban al rotar. “En la réplica no utilizamos un motor rotativo, sino un bóxer de 4 cilindros aeronáutico”, expresa Parini.

El gran día

Quien va a pilotar la réplica es el experto Roberto Vera Vierci, también vicepresidente del Club y constructor del avión. Los días marcados son el lunes 17 y el domingo 23. El primer vuelo histórico tendrá lugar en la base aérea del Aeropuerto Silvio Pettirossi, mientras que el segundo, en la base aérea de Ñu Guasu.
Vera Vierci explica que realizaron varias pruebas de vuelo. “Fue muy emocionante”, dice y añade: “El terror de un piloto es que nunca sabe cómo va a reaccionar la aeronave y esta, obviamente, tiene una aerodinámica diferente a las actuales, pero se portó muy bien, es estable, comandable. Disfruté del primer vuelo y de los otros también”, confiesa.
Los organizadores de este evento confían que los días programados sean calmos para que puedan repetir la hazaña. “Estamos expectantes. Esperamos que toda la ciudadanía se acerque tanto a la base aérea del aeropuerto como a la de Ñu Guasu”, invita Vera, quien califica al piloto Silvio Pettirossi como “temerario y superdotado”. Le tiene mucha admiración por el destaque que logró en su época y la forma en la que se hizo camino. “Consiguió el dinero y viajó solo a perseguir su sueño de convertirse en una figura internacional; no es poca cosa”.
En el libro de Luis Sapienza Fracchia Silvio Pettirossi, el rey del aire, se describe que fue hijo de un inmigrante italiano, don Antimo Pettirossi, y doña Rufina Pereira, y que vivió su primera infancia en Asunción y luego fue a estudiar a Italia. Poco después de regresar de Italia, consiguió un puesto en la Oficina de Inmigraciones en Buenos Aires. Por entonces, la Escuela de Aviación Militar Argentina realizaba exhibiciones en el Parque de Palermo, donde ocurrió el primer contacto de Pettirossi con la aviación y conoció a Jorge Newbery, quien se encargó de su bautismo de aire. Newbery se mostró en desacuerdo con la decisión de Pettirossi de ingresar a la Escuela de Aviación Argentina y le recomendó estudiar en Francia, en las fábricas de ese país. Pettirossi regresó al Paraguay para gestionar una beca que le permitiera estudiar en París. Realizó contactos con los senadores Luis Riart y Juan Cogorno; el ministro de Guerra y Marina, Manuel Gondra, y el comandante de la II Zona Militar, coronel Adolfo Chirife, para conseguir la beca deseada con el compromiso de formar a su regreso la Escuela de Aviación Paraguaya.
Partió rumbo a Europa el 4 de octubre de 1912. Debido a que la beca mencionaba una escuela de aviación militar, Pettirossi tuvo algunas dificultades para ser aceptado, en la escuela de la fábrica Deperdussin.
El 17 de noviembre de 1914 voló por primera vez en Asunción, en los alrededores del Cabildo, donde se congregó una población delirante de entusiasmo. Demostró su destreza, una y otra vez, en distintos cielos. Los elogios no se hicieron esperar. El diario brasilero A Noite escribía: “Jamás fue visto en Río de Janeiro entre tantas celebridades mundiales uno que se iguale siquiera al gran maestro Pettirossi. A toudos suplantou”. La prensa uruguaya también se hizo eco de sus habilidades: “En Montevideo jamás se ha visto hasta el presente a nadie hacer tan temerarias maniobras con la perfección, sangre fría y destreza como a este hombre excepcional”. En Chile tampoco pasó desapercibido: El Mercurio calificaba a Pettirossi como “un aviador único en el mundo”.

Es que su pericia lo llevó a conquistar otros títulos, como el de campeón en San Francisco, California, durante una competición internacional de acrobacia aérea, junto con los más afamados ases del mundo aeronáutico. El público allí congregado lo aclamó como El rey del aire. El almirante norteamericano comandante de la flota naval surta en la bahía de San Francisco, impresionado por tanto coraje y maestría, ordenó que todos los buques de la flota saluden al incomparable acróbata con estridentes y prolongados toques de sirena.
Pero todo ese futuro prometedor se vio truncado a los 29 años, el 17 de octubre de 1916, en Punta Lara, provincia de Buenos Aires. Así partió a la eternidad, haciendo lo que le apasionaba: desafiar las alturas.
Su legado es invaluable. Silvio Pettirossi “recogió el completo arcoíris de superlativos en la descripción de su fascinante recorrido por los cielos de Europa y América, atrayendo el interés y entusiasmo de las multitudes, y encendiendo la pasión por el dominio de las alturas y el ansia de volar en libertad”.
Es eso lo que quieren perpetuar los responsables del Proyecto Pettirossi. No solo en Asunción van a recrear aquellos años, tienen, además, agendado surcar los cielos de los 17 departamentos del Paraguay. Y como nuestro aeropuerto internacional lleva su nombre, en el lugar quieren crear un estand permanente con datos sobre su trayectoria.
 Definitivamente, el gran Silvio Pettirossi sigue latiendo en el corazón de los aviadores paraguayos.

Club de Vuelo Yvytú
 Fundada el 3 de octubre de 1979, el Club de Vuelo de Yvytú tiene por objetivo principal desarrollar y fomentar el vuelo en todas sus formas, colaborando en la formación de nuevos pilotos y el perfeccionamiento de sus conocimientos. Los fundadores aseguran que este club es único en el Paraguay, porque posee todos los biplanos del país. Además, es el único aeroclub con motoveleros e hidroaviones.

 ndure@abc.com.py
Fuente: ABC color


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