24 de noviembre de 2014

Un paraíso en Belén

Un encuentro cercano con la naturaleza pura es la propuesta en Belén, el distrito de Concepción por el que pasa el trópico de Capricornio. En la granja turística El roble se puede encontrar una variedad de animales y árboles silvestres de belleza extraordinaria. Por Mónica Bareiro (ABC color).
Peter Gärtner salió de Alemania hace unas tres décadas con el objetivo de vivir en Sudamérica. “Paraguay no estaba en los planes”, dice, pero el país lo fue seduciendo de a poco. Hoy, admite que por la cantidad de árboles que plantó y las casas que construyó, difícilmente pueda abandonar el suelo guaraní.
Gärtner fue uno de los guías del famoso chef estadounidense Anthony Bourdain, en el programa emitido semanas atrás por la cadena internacional CNN. En 1995, este colono alemán habilitó una granja en Belén, distrito de Concepción, ubicado a 449 km de Asunción, que en ese entonces era un lugar desolado y por su amor a la naturaleza, poco a poco, lo fue convirtiendo en un verdadero paraíso. Plantando árboles, principalmente nativos, y rescatando animales fue dando forma a la granja El roble, nombre del único árbol que por entonces había en el lugar.
Esta zona es muy poco promocionada turísticamente, a pesar de ser un poblado apacible y coqueto que cuenta en su portal con un monumento que demarca el punto exacto por el que pasa el trópico de Capricornio.
Según el colono: “Somos prácticamente los únicos que ofrecemos esta opción en la zona de Concepción, porque en esta región la gente todavía siente temor de apostar a la industria sin chimenea”.
Desde la entrada a la granja se pueden ver las piletas de cría de peces, así como los estanques y enormes peceras en cuyo interior guardan aproximadamente a 50 especies de peces, en su mayoría nativos. “Muchos paraguayos vienen a conocer aquí su naturaleza, pues la realidad aquí es que la mayor parte de lo que conoce es en su plato”, expresa.
Serpientes, arañas, monos y aves completan su colección, pero el más mimado de todos es un simpático tapir que socializa con todos los visitantes. “En el caso de los reptiles, la estadía es pasajera. Cuando se nos cruza una víbora y podemos, la tenemos por unos días en el refugio para que la gente pueda observarla. Nos aseguramos de que esté bien de salud; en caso de requerir alguna intervención o medicación, la realizamos y, cuando está recuperada, la devolvemos a su hábitat”.
Los peces llegan allí de la mano de Peter, quien personalmente los captura en el río Paraguay y algunas lagunas o arroyos. Actualmente, tiene más de 10 variedades del popular guaiguingue o “vieja del agua”, así como pirañas y hasta un pez espada en miniatura.
Al momento de nuestra visita, se podía ver a una enorme kuriju compartiendo un estanque con peces koi. Peter comentó que cuando se la entregaron, “estaba semimuerta, pues había sufrido golpes muy fuertes; pensamos que no sobreviviría, pero ahora está bien, se alimenta correctamente a pesar de que perdió gran parte de su movilidad. A excepción de los peces, todos los animales de la granja fueron rescatados”. Peter comenta que los pobladores lo llaman siempre que encuentran a un animal herido o que está sufriendo maltrato y ellos mismos van a buscarlo. “El karaja vivía encadenado. Cuando llegó aquí estaba muy mal, pero por suerte se encuentra en óptimas condiciones. Los loros fueron un aporte de unos visitantes que vinieron de Asunción y, al ver cómo viven los animales acá, les dio pena tener a los suyos encerrados en una jaula pequeña y decidieron donarlos”.
Los visitantes están divididos en dos categorías: una es la que tienen durante todo el año. Se trata de turistas, mochileros en su mayoría, que vienen desde distintos puntos del mundo atraídos por los comentarios de otros viajeros. El otro grupo es “de temporada alta”, los concepcioneros y asuncenos que van a la zona en el verano a pasar el fin de semana o bien para una sola jornada.
La gastronomía es uno de los puntos fuertes del local, con pescados que vienen directo desde el estanque y carne de su propio establo; las verduras frescas para las ensaladas, así como las frutas de los jugos, vienen también de su propio huerto. “Nuestra comida es muy famosa. Hay gente que viene los domingos desde Pedro Juan Caballero; viajan casi 400 km para almorzar a gusto aquí”, asegura.
 Sin publicidad
 Peter es un apasionado por la naturaleza y sabe que al recibir a los turistas no solo les da la oportunidad de adentrarse en la belleza natural de la zona, sino que el dinero que estos dejan ayuda a mejorar el local y seguir en la lucha conservacionista. Sin embargo, desde hace un par de años dejó de hacer publicidad. “Al hacer publicidad uno debe ofrecer el lugar perfecto, debe ser lo máximo en todo, pero eso solo atrae a los clientes equivocados. Decidimos confiar en el ‘boca en boca’ porque es una granja en la que tratamos de construir naturaleza. Hace 18 años, cuando llegamos, este lugar era un campo desolado sin un solo árbol ni agua. La realidad es hoy totalmente diferente y las personas que vienen lo llaman paraíso. No es un parque inglés, es un paraíso con todo lo que incluye la naturaleza, como ranas e insectos”, dice.
Su esposa, Andresa, comenta que sus hijos, Néstor (14), Hanibal (12) y Amelie (9) son tremendos ambientalistas y que en ellos ve el futuro de la granja. Comenta que “empezamos por convicción. La naturaleza nos apasiona a los dos, luego vinieron los chicos y un día decidimos compartir nuestro hogar con otra gente para incentivar el cuidado del medioambiente”.
Sepa más
http://www.paraguay.ch/
Teléfono: (0985) 898-446
mbareiro@abc.com.py


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