19 de abril de 2015

Una vida intensa dedicada al Paraguay

En la fecha se cumplen 140 años del nacimiento, en la lejana Rusia, de un hombre que adoptó al Paraguay como su segunda patria y se hizo macá. Miembro del Ejército zarista, expatriado, lingüista, explorador en el Chaco, colonizador, amigo de los aborígenes e introductor al país de una pléyade de hombres heroicos, científicos y técnicos que vinieron a engrandecer nuestro país: Iván Timoféyevich Beláiev Polskai.Por Luis Verón ABC color
Las turbulencias políticas ocurridas en lejanos países tuvieron sus efectos favorables para el Paraguay. Tal es el caso de la revolución bolchevique en Rusia, hace un siglo, que arrojó a Suramérica una pléyade de gente interesante, de la cual, muchos de ellos recalaron en el Paraguay, cooperando con su desarrollo y, en varios casos, ofrendando sus propias vidas por su patria adoptiva. Uno de esos notables rusos fue, sin dudas, el general Iván Beláiev.
El militar ruso llegó a Asunción el 8 de marzo de 1924, hace 91 años. Fue un oficial del Ejército zarista, nacido en Petrogrado, el 19 de abril de 1875, quien, se destacó también como geógrafo, antropólogo, lingüista y poeta. Como castrense tuvo una brillante actuación en la Infantería rusa, en la Primera Guerra Mundial, ganándose la condecoración con la medalla de San Jorge, una de las distinciones más ambicionadas en su país.
Con la victoria de las fuerzas revolucionarias populares, el derrocamiento del régimen imperial y producido el alevoso asesinato del zar Nicolás II junto con su familia, abandonó su patria acompañando al primer grupo de militares y técnicos que encontraron asilo en el Paraguay.
A poco de llegar al país, Beláiev fue contratado como catedrático del Colegio Nacional de la Capital y la Escuela Militar, así como para trabajar en la sección Cartografía del Estado Mayor General. Las autoridades, preocupadas por el mejoramiento de las condiciones, tanto del Ejército como de las instituciones académicas, autorizaron a Beláiev a invitar a venir al país a una docena de científicos rusos, entre quienes se encontraron los que fundaron la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad Nacional de Asunción.

La defensa del Chaco

Ingente fue la tarea desempeñada por el general Beláiev en el Paraguay. Pocos meses después de su llegada, ya se internó en el Chaco, entonces un extenso páramo casi sin explorar. El 24 de octubre arrancó su primera expedición, a la que siguieron una docena más, entre ellas la que confirmó la existencia de la laguna Pitiantuta, en 1931. Tan importantes fueron sus misiones que el mismo Ejército boliviano, en su oportunidad, puso precio a su cabeza (vivo o muerto). Ya en vísperas de la guerra con Bolivia, pasó a integrar el Estado Mayor General y durante la contienda tomó parte de varias acciones como asesor de artillería del Estado Mayor de Comanchaco.

La labor de Beláiev en la preguerra del Chaco fue de suma importancia para el desempeño de las Fuerzas Armadas de nuestro país en ese casi desconocido territorio. Sus exploraciones, mapas, cartas y planos topográficos, y todo el cúmulo de informaciones tomadas en el terreno fueron de suma importancia en las decisiones por el Alto Mando paraguayo. Podría decirse, sin exagerar, que sin los trabajos previos de Beláiev –al frente de un puñado de valientes y temerarios compatriotas y rusos– otro hubiera sido el resultado de la guerra. Hubiera sido como andar a tientas en una habitación oscura.

En la Guerra del Chaco participó de numerosas patrullas de reconocimiento y, en enero de 1933, pasó a ejercer como asesor y jefe de los departamentos de Operaciones, Organización e Informaciones del Ejército en Campaña. Posteriormente, cumplió otras misiones, entre las que destacan la recepción y acompañamiento del Comité de Reconciliación de la Liga de las Naciones, además de oficiar como asesor personal del presidente Eusebio Ayala.

A la par de estas actuaciones bélicas, en plena guerra paraguayo–boliviana, trabajó en la promoción de la inmigración rusa en Itapúa, organizando, con recursos propios, las colonias rusas de Encarnación (fundó una en el lugar denominado Sendova, a 13 km de Encarnación) y Concepción, además de formar entidades como el Hogar Ruso, la primera cooperativa rusa, y la Asociación Pro Agricultor Ruso.

Beláiev y los indígenas

En la posguerra, el general Beláiev siguió bregando en diversos campos de acción. Pasó a ser adscrito del Ministerio de Guerra y Marina, y su carisma y don de gente hicieron que se ganara el aprecio de jefes, oficiales y tropas, llegando a ser aclamado jefe honorario del RI 5 “General Díaz”. El Gobierno paraguayo le expresó su gratitud, designándole ciudadano honorario del Paraguay y general honoris causa de su ejército. Inclusive, la lejana localidad de Fuerte Olimpo le designó ciudadano honorario. La afinidad de Beláiev con los pueblos aborígenes chaqueños facilitó, en su momento, el descubrimiento de la laguna Pitiantuta, gracias a los ishir (chamacocos). Posteriormente, fue gran amigo de otras parcialidades, como los nivaclés y macás. Esta última le tenía una gran admiración, a tal punto que le consideraba parte de su propia parcialidad y como una divinidad mesiánica.

Para comunicarse con ellos, Beláiev aprendió a hablar varias lenguas, que le sirvieron de mucha utilidad en sus incursiones chaqueñas. Como retribución a todos esos servicios recibidos de los pueblos indígenas del Chaco, Beláiev fue un gran promotor de la cultura aborigen, lo que se vio concretado con la fundación del Patronato Nacional de Indígenas y de la Asociación Indigenista del Paraguay. También fue miembro de número de la Academia de la Lengua y Cultura Guaraní, administrador general de las colonias indígenas y de la colonia escuela Fray Bartolomé de las Casas.

El macá

Los indígenas macás fueron los preferidos de Iván Beláiev, quienes le retribuyeron ese sentimiento, considerándolo como integrante de su pueblo. En su empeño por dignificar la vida de estos pueblos, por instrucción del Gobierno nacional, llevó adelante la creación de una chacra experimental indígena en el Chaco, para formar a los jóvenes aborígenes en agricultura, ganadería, pequeñas industrias y profesiones, y organizar, en un futuro, un grupo de la escuela agropecuaria con sus propios esfuerzos.

Beláiev realizó todos estos trabajos modestamente, sin aspavientos. A principios de los años 50, su salud empezó a resentirse, con altibajos, hasta que, el 19 de enero de 1957, su vida se apagó plácidamente. Por su propia determinación, sus restos fueron sepultados en la aldea de sus hermanos macás.

El último acto

Lejos de su patria, pero muy cerca de la gente a quien quiso y que le quisieron, el 19 de enero de 1957, se apagó la vida del viejo general. Murió solo y olvidado, atendido por su abnegada esposa, Alejandra Sakharoff, y un fiel indígena.

“Noble por la clase social a que pertenecía y por la grandeza de su corazón, el general Beláiev ligó su nombre y su destino al indigenismo paraguayo y americano. Amó entrañablemente a los desamparados indios de nuestra patria. Se compadeció de su trágico destino y los protegió en la medida de sus posibilidades con todas las fuerzas de su carácter y de su prestigio. Donde otros no veían sino a un ser inferior y despreciable, él vio un ser digno y capaz”.

El día de su muerte “los tambores indígenas redoblaron de luto, la selva se estremeció al conjuro del ritmo fúnebre. Los ecos repercutieron de un confín a otro del dominio aborigen: Beláiev ha muerto. Y los rostros serenos inmutables y tiesos temblaron de congoja: Beláiev ha muerto”.

Sus restos fueron velados en el Círculo de Jefes y Oficiales Retirados y, al día siguiente, el féretro fue embarcado en el Aviso de Guerra “Coronel Martínez” y trasladado hasta la colonia Fray Bartolomé de las Casas, acompañado de un reducido cortejo, más 40 indígenas macás y nivaclés que amanecieron en vela.

Cuando llegaron a destino, los propios indígenas se adelantaron y alzaron en hombros el féretro. Pusieron sobre él “un hermoso poncho tejido con los colores de nuestra enseña patria”. Bajo una pertinaz llovizna, el féretro fue conducido solo por los macás y nivaclés, seguido de una triste caravana. Llegaron hasta un rancho y entonaron, “en coro impresionante, una canción religiosa nativa que imploraba a ‘Intata’ (Dios).... Después de esta ceremonia, el ataúd fue colocado en una tumba habilitada en medio de un pequeño jardín”. Así acabó la intensa vida dedicada al Paraguay de un oficial ruso nacido hace 140 años.

Obras de Iván Beláiev

Algunas de las obras del general Beláiev son: Cahygua, Clanes entre chamacocos, Fortificaciones de campaña, Los indios del Chaco paraguayo y sus tierras, El maccá, Tabla de identificación de las tribus del Chaco, Vocabulario Maccá, clave I y apuntes gramaticales, entre otras.

surucua@abc.com.py

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