3 de mayo de 2015

Hora paraguaya

El ingenio del paraguayo para inventar excusas y no acudir a un compromiso o llegar tarde a una cita es el tema del nuevo libro que el periodista y escritor Diego Martínez Ávila lanzó dias atrás. Por Marisol Palacios (ABC Color)
Hora Paraguaya. ¡Los pretextos para la im-puntualidad! es el título de la nueva obra que el periodista y escritor Diego Martínez Ávila lanzó ayer. “El libro es, básicamente, un ensayo periodístico que describe el tema. En realidad, logré reunir 242 pretextos para justificar una demora o ausencia en el compromiso, pero tuve que dejarlos en 99”, explica. Este ensayo fue uno de los premiados en el II Concurso Nacional de Ensayos Rafael Barrett, organizado por la Secretaría Nacional de Cultura.
La idea de redactar la obra le surgió, precisamente, el día del lanzamiento de uno de sus libros, hace unos cinco años. De 100 invitados, 95 le habían asegurado que asistirían sin problemas. Pero a la hora del evento, le comenzaron a llover en el teléfono los mensajes con fabulosas historias para justificar las demoras o ausencias. A partir de entonces, comenzó a recabar datos para el libro.
En la obra —que le tomó cinco meses redactar— describe cómo empezó la impuntualidad en el Paraguay y cómo el impuntual es un ser creativo para armar fábulas e historias increíbles. “El cumplimiento de compromisos, a través de una hora pautada, establece dos tipos de paraguayos: el relajado y el adaptado. Uno más popular que el otro. Uno más corriente que el otro. Uno de etiqueta, otro de educación. Uno masivo, el otro no. En ese sentido, se diferencia al paraguayo relajado del adaptado, como el día de la noche”, cuenta.
Según propone en este análisis, como un fenómeno social o hecho científico, el paraguayo —con esta inveterada práctica sobre la que se pone el ojo crítico— es sobradamente peculiar, de acuerdo a la clasificación en la que se encuentre. “La popular frase ‘hora paraguaya’ —toda una institución intangible, consuetudinaria y veterana, al parecer, imposible de derrumbar— ha sobrevivido a varias épocas de la vida nacional. Ha salido ilesa de las batallas de la ley, a la artillería de multas, a la guerra de rostros molestos. Sigue respirando en cada demora. No la han condenado al destierro ni los castigos administrativos ni las sanciones económicas más severas. Por el contrario, siguen apareciendo los que le rinden culto con su accionar”.
Y, por el contrario, el paraguayo en el exterior tiene una actitud muy diferente. Ante la admirable puntualidad de los europeos frente a los compromisos, nuestros compatriotas fuera del país portan un reloj inglés. “En el extranjero, el paraguayo es puntilloso con la hora; llega, incluso, antes de lo pautado”.
Enfatiza que en el país, desde hace años, a la im-puntualidad se le ha puesto la insignia de “hora paraguaya”. Así, el Paraguay no es un territorio fértil para la puntualidad. “Vale especificar que la ‘hora paraguaya’, generalmente, hace alusión a esos 30 a 45 min después de lo acordado... ¡o incluso más! Llegan tarde, pero… ¡se les aplaude! Todos nuestros presidentes de la República, en actos públicos (no solo en privado), tuvieron su ‘comisión aplauso’, como también los políticos que se postularon a los escaños del Congreso Nacional o que buscaron cupos en las codiciadas gobernaciones y municipalidades”.
Martínez asegura que la persona impuntual es creativa, dado que la im-puntualidad está ligada a las ingeniosas excusas. “Epidemia o no, son las aliadas perfectas para llegar tarde o, definitivamente, ausentarse a un compromiso que se asumió con anterioridad”.
“¿Le molesta la gente impuntual?”, inquirimos. “¡Nooo! Gracias a ellos tengo un nuevo libro. Si el paraguayo relajado sufriera de ‘excusitis o excusomanía’, al menos tiene bien saludable su capacidad de producir pretextos”. Y, afortunadamente, material para que Diego Martínez Ávila produzca textos.

Las más famosas excusas

1. Como sabés, creo en el destino. Leí —como todos los días— mi horóscopo. Y allí estaba escrito tajantemente: “Hoy, mejor evite salir para desviar a la muerte y vivir más años”.

2. Mi religión me prohíbe ir.

3. Cuando salía para el evento, un vecino despistado, que pasaba frente a casa con su escalera al hombro, no vio el portón eléctrico que se abría hacia la calle para darme paso; lo embistió hasta golpear el motor y dañarlo. Entonces, no me quedó más remedio que quedarme en casa.

4. Cierto, no fui. Pero no es porque no quise, amigo. Te cuento el motivo: entró a mi casa la policía. Nos interrogó por si vimos algo del robo en el barrio. Removieron nuestras cosas y en eso desapareció la invitación. Con ello, me olvidé del acto. Espero sepas entender estas cosas locas que nos pasan sin querer buscarlas.

5. Mi hijo se tragó la llave de la moto.

6. Estaba más desconcertado que Adán en el Día de las Madres. Te juro, me fui y me perdí por el centro de Asunción.

7. Murió mi abuela.

8. Ese día, ¿te acordás? Sufrimos corte de energía eléctrica, nos quedamos en todo el país sin luz. Mi auto es eléctrico y no pude recargar su batería.

9. ¡Perdón! Terri, mi perro hambriento, se comió el recordatorio para ir al evento.

10. Un cartel cayó sobre mi cabeza mientras caminaba por el centro. El viento era muy fuerte que echó toda esa estructura de lata pesada sobre mí. Me quedé internado varios días.

Identikit

Licenciado y máster en Ciencias de la Comunicación, Diego Martínez Ávila es periodista de medios escrito, radial y televisivo, y también docente universitario. Además de Hora Paraguaya. ¡Los pretextos para la im-puntualidad!, es autor de Huellas y Horizontes a 40 años de su creación (2005), Destellos de una generación (2006), Radio, en sintonía con la imaginación (2008), Momentos de Ausencia (2011), Telarañas de un chico de la calle (2012), Crónica de una elección o elección de una crónica (2014).

mpalacios@abc.com.py

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